HiN - Internationale Zeitschrift für Humboldt-Studien (ISSN: 1617-5239)

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HiN X, 18 (2009)

 

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Rolando E. Misas Jiménez

 El Ensayo Político de Humboldt sobre Cuba:
presencia y ausencia de pensamientos habaneros sobre esclavitud y ciencia (1801-1826)

Resumen

El Ensayo Político sobre la isla de Cuba de Humboldt constituye un importante estudio sobre el pensamiento de los hacendados y de los funcionarios coloniales de La Habana, quienes fueron sus principales colaboradores durante el período 1801-1826.

En correspondencia con sus ideas de progreso humano, Humboldt criticó la influencia del pensamiento, basado en la explotación de la fuerza de trabajo esclava, en los problemas de carácter científico, social y económico de la Isla. Por eso Humboldt se preocupó por las aspiraciones políticas de los hacendados. Sin embargo, casi no señala el programa reformista efectuado por el Intendente Alejandro Ramírez. Por otra parte, Humboldt desconoció el pensamiento de progreso de un grupo de profesores y estudiantes del Colegio Seminario de San Carlos en La Habana.  Sus primeros contactos con este pensamiento ocurrieron en Europa después de haberse publicado su Ensayo en 1826.

Abstract

The Political Essay on the island of Cuba by Humboldt is an important study on the thought of the landholders and colonial functionaries from Havana, who were his principal collaborators during the period 1801-1826.

According to his ideas of human progress, Humboldt criticized the influence of the thought, based on the exploitation of slave labour, in the scientific, social and economical problems of the island.  Therefore, Humboldt was worried about the political aspirations of the landholders. However, he almost didn´t address the reformist program carried out by Intendant Alejandro Ramírez. On the other hand, Humboldt ignored the progress thought of a group of professors and students from San Carlos´s College Seminary in Havana. His first contacts with this thought happened in Europe after his Essay having been published in 1826.

 

* * *

La mentalidad de Humboldt (…) reflejó siempre la ideología del iluminismo de aquella época, heredero de la Enciclopedia, propugnador de la experiencia científica rigurosa, horro de escolasticismos y preconceptos doctrinarios y seguidor de la filosofía racionalista que emancipaba al pensamiento, dándole la soberanía individual que debía conducir al hombre hacia las liberaciones sociales.

Fernando Ortíz[1]

1. Introducción

Como parte de los estudios que realiza el autor de este trabajo sobre los pensamientos agrícolas en Cuba, que fueron empleadores de la ciencia y la tecnología, resulta de vital importancia la interpretación efectuada por Alexander von Humboldt sobre el pensamiento de los hacendados habaneros, entre 1801 y 1826, por ser el predominante en el ámbito agrícola e industrial de la Isla. Humboldt valora el reflejo que tuvo en ese pensamiento la contradicción entre la producción agrícola mantenida por esclavos y las crecientes necesidades de introducción del progreso proveniente de la ciencia europea y la urgencia de prever los peligros que, según él, se podían avecinar en el futuro para garantizar el progreso social de la Isla debido a la permanencia de ese tipo de pensamiento anómalo o contradictorio.  Sin embargo, Humboldt no parece haber deseado destacar los efímeros destellos de otro pensamiento en manos de un alto funcionario de la administración colonial, ni parece haber conocido, hasta los años treinta, la existencia de un pensamiento en La Habana bastante cercano al suyo.  A la presencia y ausencia de estos pensamientos se dedica este trabajo, el cual ha sido confeccionado con las ideas utilizadas y la información bibliográfica disponible por su autor, presentes en dos ponencias suyas de 1984 y 1999. La primera de ellas fue leída en la Sesión Científica del Centro de Estudios de Historia y Organización de Ciencia por el 125 Aniversario de la muerte de Humboldt y publicada en ese mismo año en Cuba[2]. La otra ponencia se mantuvo inédita aún después de haberse discutido en un congreso sobre Humboldt, efectuado en México en el año 1999[3].  Este trabajo tiene otra importancia adicional para el autor debido a la complementación de sus ideas con las de otro reciente estudio sobre el pensamiento agrícola de los hacendados habaneros en torno a la expedición dirigida por el Conde de Mopox y de Jaruco, una de las figuras mencionadas por el sabio alemán en su visita a Cuba[4].   Por último, debe señalarse que la publicación de este trabajo, en la revista digital HIN, responde a una invitación del profesor Tobías Kraft, efectuada en la Biblioteca Nacional “José Martí” en La Habana, durante una amena plática sobre Humboldt. El autor desea expresar su agradecimiento al colega alemán.

2. La mirada crítica al pensamiento dominante

El análisis del Ensayo político sobre la Isla de Cuba, en lo tocante a la problemática de la esclavitud y la ciencia en el pensamiento de los hacendados habaneros, es posible dada la objetividad con que Humboldt abordó el estudio de los fenómenos naturales y sociales, lo que le permitió establecer la independencia y coherencia de las leyes que rigen la natura-leza y la sociedad sin llegar, no obstante, a una visión exacta de las leyes sociales[5].

Las observaciones personales realizadas por Humboldt durante sus visitas a Cuba en 1801 y 1804, fueron fundamentales para la interpreta-ción objetiva de la situación socioeconómica del país que encontramos en su Ensayo político. Dentro de esa situación, la plantación esclavista desempeñaba un papel primordial en la obtención de azúcar. La ruina de la producción azucarera haitiana, motivada por la revolución de los esclavos, permitió que el azúcar de los hacendados habaneros llegase a ocupar el primer lugar en el mundo. Para ello, necesitaban estos hacendados de la explotación sistemática de miles de esclavos introducidos en el país, de esa forma se garantizaba, aprovechando el elevado precio del azúcar y el bajo costo de la fuerza de trabajo, la obtención de plusvalía que les permitiría efectuar la acumulación de recursos suficientes para continuar promocionando este tipo de progreso capitalista[6]. Como resultado de la inmigración forzada de los negros africanos, existía en 1825 una población negra, tanto libre como esclava, calculada en 390 000 personas en contraposición a los 325 000 blancos que habitaban la Isla por entonces[7].

La impresionante objetividad de Humboldt se manifiesta al destacar, en la sociedad habanera, la decisiva influencia de las relaciones de producción esclavistas. Es por eso que dedica gran parte del Ensayo político, al estudio de éstas. El propio Humboldt destaca esa intención; „Precisamente a esta parte de mi obra atribuyo mayor importancia que a cualesquiera observaciones astronómicas, experimentos sobre la intensidad magnética o noticias estadísticas“[8].

Es conveniente recordar que Humboldt hizo énfasis en que las relaciones de producción esclavistas frenaban un posible progreso con base científico-técnica de la producción azucarera, así como las posibilidades de un pleno progreso capitalista de estos hacendados habaneros de acuerdo al modelo vigente en Europa.

Es de destacar su relativa simpatía hacia los hacendados habaneros promotores de algunos cambios en las relaciones de producción existentes. Ese interés por las posibilidades de ascenso económico de estos hacendados se explica porque Humboldt representaba en su patria las posiciones de una nobleza liberal e ilustrada, plenamente identificada con los intereses de la burguesía prusiana[9]. Por eso, durante su estadía en la parte occidental de Cuba, en los años 1801 y 1804, lo reciben destaca-dos elementos de la burguesía hacendada, quienes acogieron con entusiasmo sus investigaciones científicas. Sus anfitriones habaneros, Francisco de Arango y Parreño, el conde de Mopox y de Jaruco y los herederos de Nicolás Calvo de la Puerta y 0‘Farrill, lo hospedaron en sus respectivos ingenios[10].

De estos elementos burgueses, Humboldt señala: „son agudos, pruden-tes y muy ocupados de sus intereses“[11]. Del máximo representante de los hacendados habaneros, Francisco de Arango y Parreño, señaló que es „uno de los hombres de estado más ilustrados y más profundamente instruidos en la posición de su patria“[12]. De estas expresiones del Ensayo político, pudiera inferirse cierta simpatía de Humboldt hacia algunos de estos hacendados habaneros, no sólo por una afinidad clasista, sino también porque veía en ellos al sector nacional dentro de las clases pu-dientes de la colonia. Para Humboldt el proceso de formación de la identidad criolla era reconocible porque “establecidos de padres a hijos, hace muchos siglos, lejos de considerarse como extranjeros en el suelo americano, muy por el contrario le tienen el mismo cariño como si fuera su patria”[13] .

Humboldt consideraba a este sector como opuesto a los intereses económicos y políticos centralizadores de la metrópoli y veía a estos elementos burgueses como los más indicados para dirigir un movimiento independentista contra el gobierno español. Sin embargo, ese desempeño histórico otorgado a los hacendados habaneros lo veía opacado debido a las riquezas proporcionadas por la esclavitud.  En ese sentido, el contenido moral del pensamiento de Humboldt no lo convertía en un ferviente admirador de estos hacendados. Su constante defensa de los ideales de la Revolución Francesa y su concepción humanista de la sociedad, apreciables en sus deseos de mejorar las condiciones de trabajo de los mineros alemanes[14], promover la emancipación de los judíos[15], rechazar las diferencias sociales y declarar sus principios de igualdad racial o de unidad de la especie humana[16], no le permitían mantenerse indiferente ante la explotación del negro en Cuba.  Esas son las razones que lo llevan a repudiar la existencia de la esclavitud, como lo refleja el siguiente calificativo: „La esclavitud es, sin duda, el mayor de todos los males que han afligido a la humanidad.“[17].

En su Ensayo político sobre la isla de Cuba, Alexander von Humboldt realiza un análisis profundo de la decisiva influencia de la esclavitud sobre el pensamiento y la conducta económica y política de los hacendados habaneros. En el período de 1801 a 1826, en que estudia esta clase social, la reconoce como una burguesía pujante, con cierta agresividad para exigir el cumplimiento de medidas beneficiosas para su progreso económico[18] como ocurrió, por ejemplo, con la libertad de comercio[19]; pero sin embargo, esa facultad que tiene para resolver satisfactoriamente las dificultades que se le presentan, resulta inefectiva cuando se trata de buscar una solución al problema de la esclavitud.

La Revolución de Haití (1790) y los sucesos de Jamaica (1794) hicieron saltar a un primer plano la búsqueda de una solución a ese problema. El miedo al negro demostró la necesidad de tomar medidas que, según Humboldt, perseguían conservar „la tranquilidad del país“. Esta circunstancia, produjo dos estados de opinión entre los hacendados que fueron destacados por Humboldt. Uno de ellos se mantenía interesado en obtener más riquezas con la explotación indiscriminada del negro, sin pensar en el futuro de la clase, y el otro se esforzaba por paliar en algo los problemas generados por la dependencia respecto al tráfico de esclavos africanos y al régimen de explotación esclavista en su sentido más expoliador, tratando de garantizar un futuro crecimiento económico capitalista lo menos anómalo posible[20].

En definitiva, resulta claro para Humboldt que cualquiera de las dos corrientes del pensamiento hacendado, ya fuera en su vertiente de explotación irracional como en la racional, compartieron el hecho de mantener la esclavitud del negro. Por eso, Humboldt critica a ambas posiciones de los hacendados habaneros en  los siguientes términos:

Yo he oído [exclama Humboldt con amargura] discutir con la mayor serenidad, si era mas conveniente para el propietario no fatigar excesivamente a los esclavos con el mucho trabajo, y por consiguiente tener que reemplazarlos con menos frecuencia, o sacar de ellos todo el partido posible en pocos años, teniendo que hacer mas a menudo las compras de negros bozales. ¡Estos son los raciocinios de la avaricia, cuando el hombre se sirve de otro hombre como de una bestia de carga![21].                          

A pesar de que Humboldt criticaba todo planteamiento que condujera a la permanencia de la esclavitud, no por eso dejaba de comprender la importancia de algunas de las medidas propuestas en esos años, que podían servir de precedentes a una futura abolición por ser menos lesivas a los esclavos. En todo caso, el científico alemán no sólo expuso en su Ensayo político las medidas deseadas por algunos hacendados, sino que también aportó sus propias ideas a los objetivos trazados por esos elementos defensores de la explotación racional del esclavo, pero por tiempo indefinido.

Las medidas planteadas por estos hacendados pueden ser agrupadas atendiendo a tres objetivos. El primero está dirigido a disminuir la mortalidad de los esclavos y a lograr una mejor disposición hacia el trabajo agrícola. Para cumplimentar este objetivo, los hacendados propusieron las siguientes medidas:

La posición de Humboldt con relación a estas medidas se caracteriza por la gran importancia que concede al aumento del número de esclavas para formar familias con cabañas propias[23].

Dentro de la línea que propugna la introducción de negras en las plantaciones para así asegurar la reproducción natural de la fuerza de trabajo esclava, Humboldt reconoce en Francisco de Arango y Parreño al burgués criollo con intenciones siempre „puras y juiciosas“, defensor de aplicar un impuesto a las plantaciones que no tuviesen un tercio de negras entre sus esclavos, así como del impuesto por cada negro que se introdujera a excepción de las negras bozales. Arango y Parreño representaba una tendencia económica que defendía la  multiplicación de matrimonios entre esclavos para garantizar, de manera permanente, la disponibilidad de esta fuerza de trabajo sin depender del tráfico negrero. Así esperaba mejorar las condiciones de vida del negro esclavo[24].

Humboldt, quien apreció en esta medida ventajas para el bienestar de los hacendados y del propio esclavo, señala:

El esclavo que tiene una cabaña y una familia, no es tan desgraciado como el que esta apriscado como si formara parte de un rebaño de carneros. Cuanto mayor es el número de los esclavos establecidos con sus familias en las cabañas que creen ser propiedad suya, tanto mas rápido es su multiplica-ción[25].

Este criterio de Humboldt en ningún momento afecta sus probados sentimientos humanitarios y antiesclavistas, para él solo constituye una forma de remediar en algo las difíciles condiciones de vida del esclavo. De hecho, radicaliza el sentido de algunas de  las medidas propuestas o llega a añadirle sugerencias no contempladas originalmente, como es la de garantizar la participación de los esclavos en las ganancias de la plantación, en condición que aparenta ser de pequeños agricultores independientes[26]

Otro grupo de medidas presentadas por algunos hacendados tenía el propósito de reducir la entrada de esclavos africanos y la presencia mayoritaria de la población esclava. En esa dirección, proponen disminuir el tráfico de esclavos desde Africa y promover la inmigración de colonos blancos y yucatecos[27]. Estas eran las premisas fundamentales para una eliminación gradual de la esclavitud a través del empleo de una fuerza de trabajo libre, la cual iría «blanqueando» la Isla y reduciría el peligro negro.

Sin embargo, estas propuestas no parecen haber sido convincentes para Humboldt, quizás porque las ideas trazadas en el primer objetivo con relación a la reproducción natural de los esclavos, negaban la viabilidad de este segundo propósito. En realidad, Humboldt no es muy elocuente sobre los planes  de inmigración blanca o de procedencia mejicana propuestos por los hacendados pues, al parecer, no sólo había detectado la esencia racista y discriminatoria de estos con relación al negro, sino que también pudo haber percibido nuevas formas de esclavitud encubierta en esos planes. Puede señalarse que la tibieza de los hacendados con relación al comercio ilegal de esclavos queda expresada en el reclamo de Humboldt de ser respetuosos de las leyes internacionales contrarias al contrabando de esclavos en cuanto a la aplicación de condenas a los infractores, la habilitación de los tribunales y la realización de visitas a los barcos sospechosos de tráfico[28].

El último grupo de medidas propuesto por algunos hacendados estuvo en función de promover la educación de la población rural. Se trata de dos medidas específicas:

De esa manera, se hace evidente la intención de formar trabajadores con una calificación empírica más adecuada para las labores agrícola y fabril, para lo cual resultaba indispensable la extensión de la enseñanza a toda la población rural. Sin embargo, Humboldt no parece haber sido muy entusiasta con estas medidas, quizá por no creerlas muy efectivas mientras existieran hombres esclavizados. El debió percibir que los planes de explotación racional de los esclavos carecían de un plazo definido con relación a la plena liberación de éstos.  Esa indefinición temporal debió provocarle dudas con respecto a las intenciones de supuesta liberación paulatina de los esclavos. Debido a este vacío en los planes de los hacendados, Humboldt plantea tres medidas, representativas de su posición radical:

A pesar de las limitaciones presentes en las propuestas de los hacendados, éstas contribuyeron a mantener ciertas ilusiones de futuros cambios en las relaciones de producción esclavistas. No obstante, Humboldt señala que las „proposiciones no tuvieron el efecto que se deseaba“ y culpaba al gobierno de la metrópoli de ser el responsable  de la oposición a la transmigración de blancos e indígenas yucatecos, lo cual propiciaba que la mayoría de los hacendados continuara deseosa de obtener ganancias extraordinarias con la conservación de la esclavitud, aprovechando la seguridad proporcionada por las fuerzas represivas de la metrópoli y el aliento provocado con el alza en el precio del azúcar. Por consiguiente, se olvidaron del peligro negro y no se preocuparon por restringir el comercio de esclavos, obviando las advertencias efectuadas por algunos de los propios hacendados[31].

Apoyándose en los criterios expuestos por esos elementos en 1811, Humboldt destaca que las condiciones aún eran propicias para llevar a efecto medidas simultáneas que solucionaran el problema de la esclavitud e insistía en que los hacendados habaneros podían lograr ese propósito si, llegado el caso, se resignaban a aceptar la disminución de la producción de azúcar y el caudal de sus riquezas con tal de lograr la eliminación efectiva de la esclavitud.

Según Humboldt, la cuestión fundamental de ese momento histórico era la de restringir la ambición de riquezas en función de garantizar un futuro de pleno progreso capitalista[32]. Esta propuesta de política económica menos elitista, encaminada a ser compartida por todos los hacendados, fue ampliamente destacada por Humboldt, quien llega a considerar las bases morales que la sustentaban como „las más benéficas y que gimen por las instituciones bárbaras que les han dejado herencia tan triste“[33].

Se ha indicado que la política colonialista de la metrópoli se convirtió en uno de los factores principales que barrió con la aparente previsión del futuro mostrada por algunos hacendados. El gobierno español mantuvo, sin cambios, la permanencia de la esclavitud para frenar el pleno progreso económico y las aspiraciones políticas de los hacendados habaneros. Esa actitud fue duramente criticada por Alexander von Humboldt. En su Ensayo político, la consideró como la principal causante de los problemas que generaba la esclavitud dentro de la sociedad cubana; esta acusación merece citarse:

Si el gobierno de la metrópoli, en vez de temer aún la apariencia de las innovaciones, hubiera sabido sacar partido de estas circunstancias felices y del ascendiente de algunos hombres de talento sobre sus compatriotas, el estado social [o sea, la esclavitud] hubiera experimentado mudanzas progresivas, y ahora gozarían ya los habitantes de la Isla de Cuba de las mejoras que se han discutido treinta años hace[34].

EL gobierno español estaba interesado en obstaculizar aquellas medidas que afectaran el mantenimiento de la esclavitud con la aspiración de evitar que los hacendados habaneros pudieran regir su propio destino, sometiéndolos a una total dependencia de su tutela explotadora. Como clara evidencia de la posición subordinada de estos hacendados debe señalarse la necesidad que tenían, según los criterios de Humboldt, de garantizar las condiciones que hiciesen posible el cumplimiento de las medidas encaminadas a resolver el problema de la esclavitud. Entre esas premisas se encuentran:

Tal era la supeditación de la burguesía criolla hacendada respecto a la metrópoli, que el propio Humboldt considera imprescindible, para eliminar la esclavitud, la estrecha colaboración de los factores antes señalados[36].

La dependencia que los hacendados mantienen con respecto a la esclavitud y al poder de la metrópoli se hizo cada vez más sólida en la medida en que las nuevas condiciones creadas, a partir de 1820, con el trafico ilegal de esclavos y el bajo precio del azúcar, hicieron más difícil o imposibilitaron un pleno progreso económico con la necesaria base científico-técnica.

Humboldt valora las posibilidades de progreso económico de los hacendados habaneros. Dentro de ese contexto, presta gran atención a la principal fuente de riquezas de esa burguesía, y se dio cuenta que la esclavitud estaba afectando y hacía peligrar la futura competitividad de la producción azucarera, dentro y fuera de Cuba y con ello el progreso capitalista de esa clase. Para Humboldt la esclavitud constituye la explotación más denigrante a la que puede estar sometido un ser humano[37], y esa explotación era la que mantenía la producción de azúcar cubana, ella era la que condicionaba la vida material y espiritual de la sociedad cubana del siglo XIX. Es la esclavitud, opina Humboldt, la que no ha permitido que el progreso del capitalismo mundial, con su avanzado pensamiento filosófico, con el imprescindible progreso de la educación, la cultura y las ciencias, llegue hasta los esclavos. Tampoco ha permitido que ese impetuoso progreso se manifieste en las masas populares y mucho menos en aquellos trabajadores asalariados vinculados a los esclavos durante el proceso de elaboración del azúcar[38].

Es el miedo al negro, destaca Humboldt, el que impide a los hacendados habaneros, efectuar cambios sustanciales en ese modo de explotación, sin contar principalmente con el respaldo de la metrópoli[39]; por eso la permanencia de la esclavitud incapacita a estos elementos burgueses para promover la creación de una base científico-técnica en la producción azucarera.

Humboldt ha apreciado esta situación, conoce la explotación a que es sometido el negro, su miserable vida social; ha visto la ignorancia y prepotencia de los mayorales[40] y la manifiesta ineptitud profesional de los maestros de azúcar, quienes se creen —según él— „medios sabios“[41].  La esclavitud ha llevado la inferioridad social del ne-gro a niveles imprevisibles, arrastrando consigo, en un ambiente de prejuicios e incultura, a los operarios asalariados que están vinculados a la tecnología azucarera. La esclavitud ha envilecido la estructura económica y social en que descansa la producción azucarera, convirtiéndose en un freno para su progreso.

La evidente dificultad, observada por Humboldt en una parte de los hacendados habaneros para asimilar el progreso tecnológico en la producción azucarera no le impide a éste ofrecer consejos también en este campo. Es así como les sugiere la aplicación priorizada de la química en el proceso de elaboración del azúcar para reducir los costos de producción y no depender exclusivamente de la transferencia de aparatos, que es más costosa. Humboldt insiste en que el progreso de la investiga-ción química del azúcar sólo puede ser realizado por verdaderos especia-listas formados en la experiencia científica del azúcar de remolacha; está, pues, proponiendo la transferencia de conocimientos tecnológicos a la producción azucarera cubana. Sin embargo, la existencia de relaciones de producción esclavistas limita toda pretensión para la utilización de las ciencias, porque las condiciones sociales e incluso políticas no favorecían la creación de una base científico-técnica.  Por eso, Humboldt pronostica que todo intento que se hiciera en ese sentido, ofrecería siempre resultados parciales ya que no dejaban de ser „experimentos hechos a tientas más o menos ventajosos“[42].

La incapacidad de los hacendados habaneros para solucionar el problema de la esclavitud, los invalida para emprender el progreso científico en la producción azucarera y cañera. Humboldt opina que los recursos humanos que existían no eran los más adecuados para llevar a efecto ese progreso, porque la existencia de la esclavitud impide, por miedo al negro, que la educación y la cultura llegue a los esclavos y negros libres, e incluso, a toda la pobla-ción blanca, lo que ocasiona que el progreso intelectual esté limitado exclusivamente a los blancos enriquecidos y observa que es en la capital, a través de los ricos propietarios, donde se aprecia la brillantez de la gran sociedad habanera, muy semejante por sus „maneras aten-tas y su urbanidad” a la de Cádiz y otras ciudades comerciales europeas, en notable contraste con la „sencillez de hábitos y costumbres“ de las zonas rurales. Es decir, ni siquiera la población blanca más humilde puede recibir, debido a las condiciones existentes, los beneficios del progreso social, que es patrimonio exclusivo de los hacendados. Estos son los que visitaban España, Francia e Italia, y son ellos los creadores de instituciones económicas y culturales en función de sus intereses de clase. Por otra parte, opinaba que instituciones como la Real Sociedad Patriótica de La Habana, creada en 1793, y la Real y Pontificia Universidad de San Jerónimo de La Habana, establecida en 1728, necesitaban de „una reforma total”, mientras que las cátedras de Economía Política y de Botánica Agrícola, el Museo y cátedra de Anatomía Descriptiva, el Jardín Botánico y la Escuela Náutica esperaban por  „mejoras progresivas“ para ponerlas “en armonía con el espíritu del siglo y las necesidades de la sociedad“[43]. Precisamente, ese espíritu del siglo, espíritu innovador o espíritu de progreso de la Revolución Industrial, fue defendido por algunos miembros de la burguesía criolla hacendada; sin embargo, la esclavitud frenó todo intento por desarrollarlo plenamente en su función social.  De hecho, Humboldt supedita el éxito de las instituciones mencionadas a las “circunstancias políticas y a la confianza en la conservación de la tranquilidad interior”[44].

3. La breve atención a un pensamiento gubernamental efímero

La crítica de Humboldt al pensamiento de los hacendados no deja de estar revestida de ciertas esperanzas de cambio.  Quizá esto se deba a cierto contacto con el Intendente de Hacienda, el español Alejandro Ramírez y con su estrecho colaborador, el español Wenceslao de Villa Urrutia y Puente, durante la gestión reformista de éstos entre 1816 y 1821, cuando se hallaban enfrascados en la preparación de la economía habanera para enfrentar los retos de la abolición del tráfico de esclavos y de un presumible bloqueo naval a la Isla por alguna potencia europea en tiempos de guerra. Esta relación se produjo en la Sociedad Patriótica de La Habana, entonces bajo la dirección del propio Intendente Ramírez, entidad que se había convertido en el instrumento esencial para una política de cambios lo menos traumática posible para los intereses de los hacendados y comerciantes de la capital.  En el resumen de las tareas efectuadas por la Sociedad Patriótica durante el año 1818, se afirma que “en nuestras actas aparecen las mas vivas demostraciones de sincero afecto y consideración, que por conducto del Sr. Director hizo pasar á esta Sala el Sr. Barón de Humboldt, ilustre miembro de ella”[45].

 En gran medida, el cuñado de Ramírez, Wenceslao de Villa Urrutia, era el responsable de un vínculo con Humboldt que fructificó, en 1817, con el nombramiento de “socio honorario” concedido al sabio alemán:

El baron de Humboldt ha remitido al Cuerpo patriótico, por mano de D. Wenceslao de Villa-Urrutia, un cuaderno impreso de que es autor, titulado De distributio geographica plantarum; y la Sociedad deseando manifestar á este sabio el aprecio que le merecen sus profundas investigaciones, y la gratitud con que ha recibido su obsequio, ha acordado incorporarlo en el número de sus individuos en clase de socio honorario, cuya distinción tiene reservada la Sociedad para honrar con ellas al mérito sobresaliente[46].

Esta distinción debió haber correspondido al deseo de Ramírez y de Villa Urrutia de disponer del apoyo y la experiencia objetiva de esta prestigiosa personalidad de la ciencia y la diplomacia internacional.  Como parte de esas intenciones, Humboldt recibió, quizás de Villa Urrutia o de otra persona cercana al programa reformista del Intendente Ramírez, el nombramiento de miembro de una llamada “Sociedad de Agricultura de La Habana” que, en definitiva, nunca llegó a establecerse.  En carta enviada desde París, con fecha de 28 de marzo de 1818, (véase la carta completa en el Anexo) Humboldt manifiesta su complacencia por el nombramiento recibido:

Este nombramiento me ha halagado tanto más cuanto que desde hace muchos años no había recibido noticias directas de la Isla de Cuba donde tantos ciudadanos caracterizados por la nobleza de sus sentimientos y la magnitud de sus buenos modales me honraron con una benevolencia muy especial[47].

Lo más significativo de esta designación se encuentra en la disposición de Humboldt de atender determinadas tareas solicitadas desde La Habana:

Le suplico tenga a bien testimoniarle mi ferviente reconocimiento al (…) colocarme en situación de demostrar mi devoción con las comisiones que usted ha tenido a bien encargarme durante el tiempo que permaneceré aún en Europa[48].

Conociendo muy bien el pensamiento conservador de los grandes propietarios de esclavos y de los comerciantes importadores, Humboldt le recomienda a su interlocutor en La Habana que el programa de reformas requiere de “un tono de moderación” en medio “de los errores que encierra el incentivo de la verdad”[49].

Al parecer, cualquier esfuerzo de moderación sugerido por Humboldt resultaba insuficiente para aplacar el desmedido afán de lucro de tan poderosos intereses. El fallido intento de reformas, promovido «desde arriba» por Ramírez, significó la anulación de una activa colaboración de Humboldt en esos cambios. Quizás por eso, en el Ensayo Político sólo se menciona una vez por su nombre al Intendente Ramírez, haciendo alusión al celo mostrado por él con respecto al funcionamiento de algunas instituciones docentes y científicas[50]. Esta apreciación directa resulta muy parcial en las referencias que hace en el Ensayo sobre franquicias comerciales aplicadas a diversos puertos de la Isla en 1816 y 1819 y sobre la información consultada en las Memorias de la Sociedad Patriótica de 1819[51] las cuales reflejan la actividad del Intendente aunque no lo nombre. Por otro lado, no efectúa una explicación detallada que identifique el pensamiento de progreso agrícola de Ramírez con los planes de fomento de la pequeña propiedad por parte de inmigrantes blancos, ni con la necesidad de establecer una clara situación jurídica con respecto a las tierras de las haciendas comuneras para favorecer una repartición de éstas entre los campesinos[52].  Tampoco destaca el discurso de 1818, ofrecido por Villa Urrutia en la Sociedad Patriótica, donde se completan los conceptos básicos de Ramírez a través de la presentación de una futura imagen de La Habana autoabastecida del arroz, el maíz, el trigo y la carne de res proporcionados por el campesinado de varias regiones de la Isla[53]. A pesar de no ser Humboldt más explícito en relación al aporte del Intendente Ramírez, debido quizá a lo prematuro de sus ideas para detener el comercio de esclavos y a lo efímero de su gestión gubernamental reformista, algunos pasajes del Ensayo Político parecen mostrar la vigencia de una parte del pensamiento del Intendente en la siguiente proyección, en apariencia optimista, mostrada por Humboldt sobre el futuro de la Isla:

Esta falta de subsistencias (…) disminuirá [en La Habana] a medida que mejor instruidos los habitantes a cerca de sus verdaderos intereses y desanimados por la baratura de los géneros coloniales, variarán sus cultivos y darán un libre impulso a todos los ramos de la economía rural (…) La población de la Isla de Cuba, que quizás antes de cincuenta años se acrecentará de un millón, puede abrir, por sus consumos mismos, un campo inmenso a la industria indígena. Si el tráfico de negros cesa enteramente, los esclavos pasarán poco á poco a la condición de hombres libres, y la sociedad arreglada por sí misma, sin hallarse expuesta a los vaivenes violentos de las conmociones civiles, volverá a entrar en el camino señalado por la naturaleza a toda sociedad numerosa e instruida. No por eso se abandonará el cultivo del azúcar y del café, pero no quedará como base principal de la existencia nacional (…). Una población agrícola, libre e inteligente, sucederá progresivamente a la población esclava, sin previsión ni industria. Los capitales que el comercio de la Habana ha puesto en manos de los cultivadores (…) ha principiado ya a cambiar el semblante del país, y esta fuerza eficaz, cuya acción va siempre en aumento, se unirá necesariamente a otra, que es inseparable de los progresos de la industria y de la riqueza nacional, el desarrollo de los conocimientos humanos. De estos dos grandes móviles reunidos depende la suerte futura de la metrópoli de las Antillas[54].          

Quizás la no conclusión de este proyecto reformista, debido a que la muerte de Ramírez fuera provocada, de cierta manera, por la oposición de los intereses esclavistas y del comercio de importación y de exportación y la carencia de un respaldo efectivo de la mayor parte de las autoridades coloniales, hizo que Humboldt enfatizara más su atención en la crítica al pensamiento de esos sectores poderosos que era, en definitiva, el predominante en la colonia. Es posible que encubriera la actuación del Intendente Ramírez para hacer menos obsesiva su crítica a los sectores pudientes de la Isla representados por el nuevo Intendente, el habanero Claudio Martínez de Pinillos[55], y así favorecer la mayor circulación de su obra.  El esfuerzo de Ramírez demostró la imposibilidad de efectuar cambios en un futuro cercano mientras permaneciera el comercio ilegal de esclavos. En gran medida, la malograda ejecutoria de Ramírez se encuentra presente en el siguiente reclamo de Humboldt:

Para que progresivamente se consiga aflojar los lazos de la esclavitud se necesitan: la más rigurosa observación de las leyes contra el tráfico de los negros, penas infamantes contra los que las quebranten, la formación de tribunales mixtos y el derecho de visita ejercido con una reciprocidad equitativa[56]

4. Un pensamiento desconocido por Humboldt

Llama la atención que habiendo reunido Humboldt en el Ensayo político un conjunto de conocimientos geológicos, meteorológicos, geográficos, astronómicos y botánicos de la Isla y siendo él un ejemplo fehaciente de la sistematización de la teoría y la práctica científica y de la comprensión objetiva de la naturaleza y la sociedad, no hiciese mención alguna de la existencia del Real Colegio Seminario de San Carlos y San Ambrosio y de los esfuerzos realizados por el Obispo español Juan José Díaz de Espada y Landa y por los profesores cubanos, el sacerdote Félix Varela y Morales (1811-1821), José Antonio Saco y López (1821-1824) y José de la Luz y Caballero (1824-1826) a favor de la enseñanza de la filosofía moderna con clases experimentales de física y química.  Estos intelectuales eran los más capaces para comprender la importancia de la obra erudita de un sabio y para promover a su vez la necesidad de formar sabios en la Isla, sin perjuicio de la actividad práctica.

Humboldt confiesa haber tenido a su disposición un abundante material bibliográfico de La Habana. Por ejemplo, reconoce la posesión de  “una multitud” de balanzas anuales de comercio del puerto habanero, confeccionadas por el gobierno y el Real Consulado[57]. También manifiesta haberse apoyado en “un gran número de documentos oficiales manuscritos que se me han comunicado; en La Aurora y el Papel Periódico de la Habana; en el Patriota Americano; en las Guías de Forasteros de la Isla de Cuba; en la Sucinta Noticia de la situación presente de la Habana, 1800 (manuscrito); en la Reclamación contra la ley de Aranceles, 1821, y en el Redactor general de Guatemala, 1825, julio, página 21”[58].  A todo lo largo del Ensayo político aparecen otras menciones de las obras habaneras consultadas por él. Por estas razones, puede suponerse que el desconocimiento sobre el Colegio Seminario de San Carlos, entonces importante institución docente, con méritos suficientes para ser candidata a Universidad, se debe al hecho de que los contactos y las fuentes de información de Humboldt procedían de los hacendados habaneros y de intelectuales afines o cercanos a éstos, o a las esferas del poder político colonial. Algunas de estas relaciones debieron efectuarse a título personal o en representación de la Real Sociedad Patriótica y del Real Consulado de Agricultura y Comercio y no sólo por correspondencia, sino también por los viajes de estos hacendados a la capital francesa. Se ha podido constatar el viaje efectuado por el hacendado Juan O´Farrill y Arredondo a París, gracias a la información suministrada por la junta ordinaria de la Sociedad Patriótica de 19 de junio de 1823. En esa reunión de la Sociedad se notifica que O´Farrill y Arredondo había regresado de París con el encargo de Humboldt de entregarle a esta asociación, de la cual era socio numerario, un ejemplar de su Ensayo geognóstico sobre el yacimiento de las rocas en los dos hemisferios, con dedicatoria manuscrita a ella. Esta obra fue recibida con la mayor complacencia y se acordó ponerla en la biblioteca para su uso público. También se le pide al director de la Sociedad Patriótica que le expresase a “su ilustre miembro” --es decir, a Humboldt-- los “sentimientos de gratitud con que este cuerpo había aceptado una memoria tan apreciable”[59]. Este ejemplo parece confirmar un mayor contacto de Humboldt con los hacendados habaneros. En ese sentido, quizás mantuvo su vínculo con Wenceslao de Villa Urrutia después del fallecimiento del Intendente Ramírez en 1821, pero esta vez cuando disfrutaba de su condición de hacendado debido a que sus cargos, como secretario y síndico del Real Consulado, debieron compenetrarlo con los intereses basados en el azúcar y en los esclavos y con el trabajo del Intendente Martínez de Pinillos[60].

De todas formas, resulta notable el desconocimiento de Humboldt sobre el pensamiento y la actividad docente, cultural y política de un grupo de profesores y alumnos del Real Colegio Seminario de San Carlos y San Ambrosio. Puede, por ejemplo, considerarse el hecho de que no mencione al Obispo Espada ni su pensamiento en el Ensayo político porque no hubo un contacto personal entre ambos, debido a que las dos visitas realizadas por el sabio alemán ocurrieron en los momentos en que el prelado aún no se encontraba en la Isla o se hallaba realizando una visita pastoral en una parte de su jurisdicción eclesiástica. A pesar de todo, resulta interesante que el testimonio del científico alemán fuese crítico con respecto al pensamiento con lucro de los hacendados, porque, de esa manera, se aproximó, aún sin proponérselo, a este grupo de intelectuales antitratistas y antiesclavistas del Colegio Seminario de San Carlos, que eran promotores de la ciencia teórico-práctica y de un humanismo avalado con su oposición a la codicia de los hacendados.

Un ejemplo notorio de cierta coincidencia de criterios de Humboldt con estos pensadores es la que tuvo con el sacerdote Félix Varela, cuando éste desempeñaba su responsabilidad como diputado en las Cortes españolas, durante el trienio liberal de 1821 a 1823, contando con el aval docente adquirido en la Cátedra de Constitución o “Cátedra de la Libertad”, desempeñada por él en 1821 gracias al apoyo del Obispo Espada y de la Sociedad Patriótica[61]. En el desempeño de sus funciones legislativas, Varela mostró sus convicciones contrarias a la política de centralización de la Metrópoli y a la presencia de la esclavitud del negro. En ese sentido, confeccionó el proyecto de gobierno autonómico para la Isla, basado en el establecimiento de una diputación provincial, y diseñó una propuesta de extinción de la esclavitud en Cuba.  Debido a la disolución de las Cortes, este último proyecto permaneció desconocido en Cuba durante más de un siglo[62].  En éste, Varela trata de conciliar los intereses de los propietarios de esclavos, preocupados por su posible ruina, con la necesidad de garantizar la libertad definitiva de los esclavos, atendiendo a diversas razones relacionadas con el futuro del país. Por eso propone la declaración de libertad para todo esclavo que hubiese servido al amo durante quince años consecutivos[63].  Este planteamiento guarda semejanza con el plazo sugerido por Humboldt en su Ensayo político. Además, Varela completa su propuesta con el otorgamiento de la libertad a los esclavos criollos nacidos después de la aprobación efectiva del proyecto, los cuales debían servir a sus amos por veinte años más, como pago a la atención recibida durante sus primeros diez años de vida[64].  Debe resaltarse el hecho de que Varela y Humboldt coincidieron en la necesidad de establecer un plazo de tiempo para la liberación de los esclavos que permitiera un cambio sustancial en la agricultura habanera. Esta cuestión había sido obviada por las corrientes dominantes en el pensamiento de los hacendados descrito por Humboldt. En gran medida, la imposibilidad de la publicación del proyecto antiesclavista vareliano y el propio exilio obligado de su autor en los Estados Unidos de América, debió haberse compensado con la crítica efectuada por Humboldt a la esclavitud y la presentación de sus propias propuestas personales contrarias a la permanencia indefinida de la esclavitud.  Dentro de un círculo más íntimo, los defensores de esta corriente antitratista y antiesclavista, como Saco y Luz, debieron sentirse regocijados por la denuncia efectuada por Humboldt en su Ensayo Político. Ellos debieron lamentar la decisión del Ayuntamiento habanero de prohibir la libre circulación del Ensayo por la Isla[65].  De hecho, la admiración alcanzada por Humboldt entre estos jóvenes intelectuales, pudo haber hecho cierta la frase atribuida a José de la Luz y Caballero en el sentido de haberlo denominado como “nuevo descubridor de Cuba”[66].    

La oportunidad de manifestarle a Humboldt la simpatía de los antiguos alumnos y profesores del Colegio Seminario de San Carlos pudo concretarse con el viaje de enriquecimiento espiritual efectuado a Europa, entre 1830 y 1831, por José de la Luz y Caballero y su hermano Antonio. En carta a su madre del 12 de agosto de 1830, fechada en Hamburgo, José de la Luz le anunciaba que:

Mañana sin falta salimos para Berlín al amanecer. Mucho me voy a entretener allí. Es capital muy bella, abundan los establecimientos y los sabios, hallándose entre ellos el Barón de Humboldt, para quien llevo muy buenas recomendaciones, bien que para él no es la menor ser habanero. Permaneceré lo menos diez días en Berlín[67].

Por su parte, Humboldt manifiesta haber disfrutado los encuentros con Luz, efectuados primero en Berlín y después en París. Expresa su satisfacción por la conversación “tan animada al mismo tiempo que instructiva” mantenida con Luz, en el propio idioma alemán, como representante criollo de una incipiente intelectualidad científica distanciada del lucro de los hacendados y de los intereses metropolitanos[68]. Debe haberse efectuado un provechoso intercambio de impresiones objetivas sobre la problemática social, económica, política y científica de Cuba y el pensamiento emancipador representado por Luz. 

El joven filósofo habanero pudo haber constatado que muchas de las bases gnoseológicas del pensamiento de Humboldt eran compartidas por él. Quizás entonces haya recibido del sabio alemán un criterio sobre el método experimental en la ciencia, muy similar al aparecido en uno de sus escritos, donde se señala que la “tendencia de mi mente ha sido siempre objetiva, con el simple propósito de descubrir, por medio de la ciencia experimental, las leyes que producen los fenómenos naturales”[69].  Es posible que Humboldt también le transmitiera a Luz una posición, tan común a ambos, en relación con la importancia de los conocimientos filosóficos para el devenir de la vida material y espiritual del hombre, cuyo contenido debe haberse señalado de una manera muy parecida a lo siguiente:

El crecimiento de los estudios filosóficos es especialmente necesario en una edad en que los adelantos gigantescos en las ciencias mecánicas y químicas han dado tan prodigioso impulso al progreso industrial de las naciones, y cuando el general deseo de investigación en campos muy restringidos, como resultado de la división del trabajo productivo, tiende a apartar a los hombres de la altas y amplias esferas del saber.  La conquista de lo útil, que es inevitable y en sí digna de encomio, no retrasa la vida intelectual de los pueblos cuando a la vez la mente se enriquece con lógicas conceptuaciones que estimulan las ennoblecedoras imágenes de la fantasía creadora[70].

Quizás entonces supo Humboldt todo lo referente a los esfuerzos de Espada y de Varela por la formación del hombre. A lo mejor le fue confirmado, en toda su crudeza, que la situación de los esclavos existentes en la Isla no estaría resuelta mientras se mantuviera indivisa la gran propiedad de plantación y persistieran las perspectivas de extender este modelo productivo, desde el cultivo cañero a otros cultivos comerciales. Luz pudo haberle transmitido que las ideas sobre la repartición de las tierras indivisas de la plantación para favorecer la presencia de pequeños propietarios encargados de trasladar su producción de caña al ingenio, ya habían sido previstas por el Obispo Espada en 1808, apoyándose en la experiencia observada en Granada, España[71]. Pudo haberle comentado la vigencia de estas ideas entre algunos antiguos discípulos del Colegio Seminario de San Carlos, como ocurriera en 1820, con el discurso efectuado por Felipe Poey a propósito de la culminación de sus estudios de Economía Política en la cátedra establecida por la Sociedad Patriótica[72]. Asimismo, debieron coincidir en que el mejor tratamiento humano a los esclavos se encontraba en la convivencia de éstos con la familia de los pequeños propietarios cañeros, creándose así las condiciones objetivas para su liberación.  No debe descartarse la posibilidad de que Luz entendiera la idea de Humboldt sobre una probable conversión de los esclavos no sólo en obreros agrícolas, sino también en pequeños propietarios agrícolas. El sabio alemán debió percibir en Luz al representante de una nueva generación habanera que coincidía con lo dicho por él en el Ensayo en cuanto a denunciar “el culto de las riquezas” prevaleciente en “todas las clases de la sociedad”, como expresión del “espíritu del comercio” o de la “preponderancia del sistema industrial”. Por encima de estas pretensiones materiales egoístas, debió situar a Luz dentro de las esperanzas que él concedía a un “estado de las cosas humanas” donde pudieran manifestarse las inspiraciones del alma y la extensión y adelantamientos de las facultades intelectuales como lo más digno de ser deseado por el hombre[73].  

Como expresión de la capacidad mostrada por Luz y de un entendimiento mutuo, Humboldt le confiaba, en carta fechada el primero de julio de 1831, la realización de gestiones en La Habana para la creación de un observatorio dedicado al estudio del magnetismo terrestre, el cual debía integrarse a la red de establecimientos similares que ya funcionaban en Berlín, París, Beijing, Irkoutsk y Kazán. Para la ejecución práctica de las observaciones magnéticas, Humboldt confiaba plenamente en el talento científico disponible en la Isla. Una parte de ese talento había sido reconocido por él en su Ensayo y, nuevamente, lo reafirmaba en su carta a Luz cuando indicaba “el gran número de oficiales notablemente instruidos con que en todo tiempo se ha distinguido la Marina española”[74]. Sin embargo, añade también otro tipo de talento, conocido por la información de Luz, cuando se refiere a “los profesores de los colegios”[75], en probable alusión al aporte que pudiera ofrecer José Antonio Saco si llegaba a desempeñar la dirección del Colegio de Buenavista[76] o si se lograba el reconocimiento del Colegio Seminario de San Carlos como centro de enseñanza superior. La candidatura de Saco estaba avalada por su labor científica docente, su constante afán de conocimientos y su capacidad intelectual para realizar valoraciones objetivas sobre la sociedad y la naturaleza cubanas. Desde 1830, Saco se ocupaba en la redacción de la “Memoria sobre la vagancia en la Isla de Cuba”[77], convertida en eslabón inicial de un cuestionamiento a la esclavitud que se hizo más explícito después del año 1832[78].  

Incluso el propio Luz debió mantener las esperanzas de asumir esa colaboración científica con Humboldt, durante el desempeño de sus responsabilidades docentes en el Colegio de San Cristóbal de La Habana, entre 1832 y 1836[79], o también en el caso de haberse podido realizar su proyecto de Instituto Cubano, en 1833, dedicado a la promoción de una enseñanza tecnológica en la juventud cubana que tuviera el respaldo de la marina española por hallarse representada en ella la Escuela de Náutica[80]. En definitiva, esa propuesta de Observatorio Magnético en La Habana quedó sin realizarse a pesar del apoyo brindado a Luz, en el ámbito de la Marina, por Angel Laborde, Jefe del Apostadero de La Habana[81].

Después de la realización de este estudio sobre el Ensayo político de Humboldt, donde se aprecian aspectos tan importantes para la historia del pensamiento cubano como son la presencia de la es-clavitud y la ciencia en el pensamiento de los hacendados habaneros, queda la convicción del profundo conocimiento que tenía Humboldt de la sociedad cubana entre 1801 y 1826. Los problemas socioeconómicos de esa sociedad son abordados por él con un espíritu analítico, con una objetividad que enriquece extraordinariamente su testimonio, convirtiéndolo en un baluarte imprescindible del pensamiento de progreso humano liderado por Varela, Saco y Luz.  Al calificar a Cuba y al resto de las Antillas como „islas de azúcar y esclavos“[82], resumió, de manera objetiva, la realidad cubana de esos tiempos. Por eso, el Ensayo político sobre la Isla de Cuba constituye, sin duda alguna, una de las más importantes obras históricas rea-lizadas sobre Cuba en el siglo XIX; la que, junto a otras mu-chas que escribiera sobre el continente americano, justifica el apelativo —que él mismo se otorgara— de „historiador de América“[83].

5. Bibliografía

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6. Anexo

CARTA RELATIVA AL NOMBRAMIENTO DE ALEXANDER VON HUMBOLDT COMO MIEMBRO DE LA SOCIEDAD DE AGRICULTURA DE LA HABANA (Biblioteca Nacional “José Martí” de La Habana. Colección Cubana. C.M., Morales, t75, nº8).

Monsieur

Je viens de recevoir, Monsieur, la lettre  obligeante dans laquelle vous avez bien voulu m´annoncer ma nomination comme membre de la Societé d´Agriculture de la Havana. Cette nomination m´a flatté d´autant plus que depuis un gran nombre d´années je n´avais pas reçu de nouvelles directes de l´Ile de Cuba où tant de citoyens distingués par la noblesse de leurs sentiments et l´étendue de leurs bon manières m´avaient honoré d´une bienveillance toute particulière. Je vous supplie de vouloir bien temoigner ma vive reconnaissance au  [¿?]  qui m´a adopté et de me mettre en état de vous prouver mon devouement par des commisins dont vous avez bien roulu me charger pendant le temps que je resterar encore en Europe. Je fais les vœux les plus ardens pour la prosperité de votre Beau pays dans lequel [¿?] Royale, un [¿?] important de l´agriculture a [¿?] affranchi du [¿?] qui la [¿?] dans son development . Ces [¿?] je les ai constamment [¿?].

J´aime à croice que vous y avez trouvé on milieu des erreurs qu´ils contiennent l´amorce de la verité, un ton de moderation qui seul convien a un  [¿?] et le desir  le plus net de [¿?] tant ce qu´il y a de noble et de génereux dans le carácter der Espagnols [¿?] dans les deux Mondes.

En vous renouvellant Monsieur l´assurence de la sincère amitié que je vous ai donnée, je vous prie d´agreer aussi l´assurance de mon constant devouement.

Paris, a 28 de Mars 1818

Al. de Humboldt      

 

Señor:

Acabo de recibir, Señor, la atenta carta en la que usted me informa mi nombramiento como miembro de la Sociedad de Agricultura de la Habana. Este nombramiento me ha halagado tanto más cuanto que desde hace muchos años no había recibido noticias directas de la Isla de Cuba donde tantos ciudadanos caracterizados por la nobleza de sus sentimientos y la magnitud de sus buenos modales me honraron con una benevolencia muy especial.  Le suplico tenga a bien testimoniarle mi ferviente reconocimiento al  [¿?] que me ha afiliado y de colocarme en situación de demostrar mi devoción con las comisiones que usted ha tenido a bien encargarme durante el tiempo que permaneceré aún en Europa. Hago votos muy ardientes por la prosperidad de vuestro bello país en el que  [¿?] Real, un [¿?] importante de la agricultura ha [¿?] liberar [¿?] que la [¿?] en su desarrollo.  Esos [¿?] yo los he constantemente [¿?].

Quiero creer que usted ha encontrado allí en medio de los errores que encierra el incentivo de la verdad, un tono de moderación que solo conviene a un  [¿?] y el deseo más puro de [¿?] todo lo que hay de noble y de generoso en el carácter de los españoles [¿?] en los dos Mundos.

Renovándole, Señor, la protesta de la sincera amistad que os he dado, le ruego aceptar la seguridad de mi fiel devoción.

París, el 28 de marzo 1818

 Al. de Humboldt.*

Nota: El símbolo [¿?] significa que se encuentra ilegible la escritura.

* Esta carta fue transcrita del original en francés y traducida al español por Clara Elena Serpa, traductora del Centro de Estudios de Historia y Organización de la Ciencia, en 1984.


 

[1] Fernando Ortiz: “Introducción biobibliográfica”, en Alejandro de Humboldt: Ensayo político sobre la Isla de Cuba. In-troducción por Fernando Ortiz. La Habana, Cultural S. A., 1930. t.1, p. L XXXVII.

[2]  Rolando E. Misas Jiménez: “El Ensayo Político de Alejandro de Humboldt y la problemática de la esclavitud en el desarrollo capitalista de la burguesía criolla”. Conferencias y Estudios de Historia y Organización de la Ciencia. La Habana, 1984, Nº 39, pp. 13-22.

[3]Rolando E. Misas Jiménez: “La esclavitud y el desarrollo de la ciencia en Cuba: la visión de Humboldt”. Ponencia presentada en la Conferencia Internacional “Alexander von Humboldt y la Ciencia Americana”. Ciudad de México, 1999 (inédito)

[4]  Rolando E. Misas Jiménez: “El pensamiento con lucro en los orígenes de la ciencia agrícola: la expedición de Mopox (1796-1802)”, en Mildred de la Torre Molina (compiladora): Voces de la Sociedad Cubana: economía, política e ideología (1790-1862). Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2007, pp. 74-144. Este estudio ha dado lugar a un libro, del mismo autor, titulado Pensamiento agrícola habanero: expedición y lucro, 1796-1802. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana (en prensa).

[5]  Heinz Sanke: “Alejandro de Humboldt en el bicentenario de su nacimiento”, en: Alejandro de Humboldt. Modelo en la lucha por el progreso y la liberación de la humanidad. Memorial en conmemoración del bicentenario de su nacimiento. Editado en nombre de la Comisión de Homenaje a Alejandro de Humboldt 1969 de la República Democrática Alemana por la Academia Alemana de Ciencias de Berlín. Akademie Verlas, Berlín, 1969. p. 82.

[6]  Debido a la utilización de la fuerza de trabajo esclava, Carlos Marx define a los propietarios de las plantaciones americanas como "ca-pitalistas anómalos". Carlos Marx: Fundamentos de la crítica de la economía política. La Habana, Ciencias Sociales, 1970. t.1. p. 394.

[7]  Alejandro de Humboldt: Ensayo político sobre la Isla de Cuba. In-troducción por Fernando Ortiz. La Habana, Cultural S. A., 1930. t.1. p. 102.

[8]  Fernando Ortiz: “EI traductor de Humboldt en la historia de Cuba”, en: Alejandro de Humboldt; Ensayo político …, t.2, p. 215.

[9]  Carlos Marx y Federico Engels nos dan, a conocer, a través del Manifiesto del Partido Comunista y del prefacio a la Guerra Campesina en Alemania, la situación en que se encontraba la nobleza libe-ral y la burguesía prusiana. Véase: Carlos Marx y Federico Engels: Obras escogidas. Moscú, Editorial Progreso /s.a./ p. 41, 251-252.

[10]  Así lo señala Vidal Morales y Morales. Véase: Femando Ortiz: Introducción bibliográfica., en: Vito Alessio Robles y Fernando Ortiz: /s.l./ El barón Alejandro de Humboldt. /s.l./ Casa de las Américas, 1969. p. 141

[11]  Alejandro de Humboldt: Ob. cit, t.1, p. 7.

[12]  Ibídem, p. 116.

[13]  Alejandro de Humboldt: Ob. cit.. t.2, p. 21.

[14]  Fernando Ortiz: “Introducción bibliográfica”, en: Vito Alessio Robles y Femando Ortiz: Ob. cit., p. 129.

[15]  Ibídem, p. 194.

[16]  Al respecto, destaca Humboldt: "Al sostener yo la unidad de la espe-cie humana, quiero también rechazar la desagradable pretensión de que existen razas superiores e inferiores. Ciertamente que las razas son modificables, y que las hay mas adecuadas que otras por haber logrado una mayor cultura mental; pero no razas más nobles que otras". Alejandro de Humboldt: Kosmos. I, p. 382., citado por: Femando Ortiz: Ob. cit., p. 195-196.

[17]  Alejandro de Humboldt: Ob. cit., t.2, p. 66.

[18]  Ibídem, t.1. pp. 166-167.

[19]  Ibídem, t.2, pp. 30-31.

[20]  Ibídem, t.2, p. 78.

[21]  Ibídem, t.1, pp. 159-160.

[22]  Ibídem, t.1, p. 161; t2, pp. 76-77.

[23]  Ibídem, t.1, p. 158; t2, p. 67.

[24]  Ibídem. t.1. pp. 146-147.

[25]  Ibídem, t.1, p. 158.

[26]  Ibídem, t.2, p. 69

[27]  Ibídem, t.2, p. 77.

[28]  Ibídem, t.2, pp. 73-74.

[29]  Ibídem, t.2, p. 77.

[30]  Ibídem, t.2, pp. 69-70

[31]  Ibídem, t.2, pp. 77-78.

[32]  Ibídem, t.2, p. 81.

[33]  Ibídem, t.2, pp. 82-83.

[34]  Ibídem, t.2, p. 76.

[35]  Ibídem, t.2, pp. 82-83.(Las letras en cursivas son del autor de este trabajo)

[36]  Ibídem, t.2, p. 83.

[37]  Ibídem, t.2, p. 66.

[38]  Ibídem, t.2, p. 82.

[39]  Ibídem, t.2, pp. 82-83.

[40]  Ibídem, t.2, p. 79.

[41]  Ibídem, t.1, pp. 196, 211.

[42]  Ibídem, t.1, p. 197.

[43]  Ibídem, t.1, pp. 166, 168.

[44]  Ibídem, t.1, p. 168.

[45]  “Extracto de las tareas de la Real Sociedad en el año de 1818, leído en la primera junta general celebrada en 11 de diciembre del mismo año, por su exvice secretario Dr. D. Lucas de Ariza”. Memorias de la Real Sociedad Económica de La Habana. La Habana, 1819, t6, nº25, pp. 28-29.

[46]  “Extracto de las tareas de la Real Sociedad económica de la Habana en el año de 1817, leido por su secretario D. José María Peñalver en la primera de sus juntas generales, celebradas el 11 de diciembre del mismo”. Memorias de la Real Sociedad Económica de La Habana. La Habana, 1817,t4, nº12, p.424.

[47] Biblioteca Nacional “José Martí” de La Habana. Colección Cubana. C.M., Morales, t75, nº8.

[48]  Idem.

[49]  Idem.

[50] Alejandro de Humboldt: Ob. cit., t.1, p.169.

[51]  Alejandro de Humboldt: Ob. cit., t.1, p. 121, nota 2; t.2, p.30, nota 1.

[52]  Heinrich Friedlaender: Historia Económica de Cuba. Editorial de Ciencias Sociales, Ciudad de La Habana, 1978, t1, pp.188-189, 365-366.

[53]  Wenceslao de Villa Urrutia: “Lo que es la Habana, y lo que puede ser”. Discurso leído en las Juntas Generales de la Real Sociedad Patriótica por D. Wenceslao de Villa-Urrutia, arreglado al tema que se le dio a la recepción de socio”. Memorias de la Real Sociedad Económica de La Habana. La Habana, 1819, t6, pp. 44-55. Véase: Heinrich Friedlaender: Ob. Cit., t1, pp.188-189, 365-366; Rolando E. Misas Jiménez: El trigo en Cuba, en la primera mitad del siglo XIX. Editorial Academia, La Habana, 1993, pp. 16-25.

[54]  Alejandro de Humboldt: Ob. cit., t2, pp.20-22.

[55]  Humboldt menciona, en dos ocasiones, a este Intendente de Hacienda (Ibídem, t2, pp. 31, 51.

[56]  Ibídem, t.2, pp. 73-74.

[57]  Ibídem, t.2, p. 9.

[58]  Ibídem, t.1, p. 175.

[59] Junta Ordinaria de la Sociedad Patriótica de 19 de junio de 1823, presidida por el Esmo Sr. D. Francisco Dionisio Vives, Capitán General y Gefe Político Superior. Memorias de la Real Sociedad Económica de La Habana. La Habana, t7, nº45, 1823, p.208.

[60]  Villa Urrutia fue el sucesor de Antonio del Valle Hernández en la Secretaría del Real Consulado de Agricultura y Comercio en 1817, desempeñando ese cargo hasta 1837, cuando pasó a ser síndico de la Real Junta de Fomento (antiguo Consulado). Su retiro público se efectuó en 1847. En este año, introdujo en su ingenio azucarero el famoso tren de Derosne bajo la dirección personal de este tecnólogo francés. Fue colaborador del Intendente Martínez de Pinillos desde 1825. Pinillos, quien obtuvo el título de Conde de Villanueva, estuvo al frente de la Intendencia hasta el año 1852. Heinrich Friedlaender: Ob. Cit., t1, pp.189-190, 233, 321, 365.

[61]  Eduardo Torres-Cuevas: Félix Varela, los orígenes de la ciencia y con-ciencia cubanas. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1995, pp. 274-295.

[62]  Ibídem, pp. 314-315.

[63]  Félix Varela: “Proyecto y memoria para la extinción de la esclavitud en la Isla de Cuba”, en sus Obras. El que nos enseñó primero en pensar. Editorial Cultura Popular, La Habana, p. 120.

[64]  Ibídem.

[65]  Véase el expediente del ayuntamiento habanero en: Archivo Nacional de Cuba. Gobierno Superior Civil, legajo 652, nº 20407. Este documento se encuentra publicado en: Boletín del Archivo Nacional de Cuba. La Habana, enero-diciembre, 1957, t.LVI, pp. 31-35.

[66] Fernando Ortiz: “Introducción biobibliográfica”, en Alejandro de Humboldt: Ob. cit., t1, p. XXXIV.

[67]  José de la Luz y Caballero: De la vida íntima. Epistolario y Diarios. Editorial de la Universidad de La Habana, La Habana, 1945, t2, p. 100.

[68]  Ibídem, t.2, p. 120.

[69] Fernando Ortiz: “Introducción biobibliográfica”, en Alejandro de Humboldt: Ob. cit., t1, p. LXXXVII.

[70]  Idem, pp. LXXXVII- LXXXVIII.

[71]  Obispo Espada: “Diezmos reservados”, en: Eduardo Torres-Cuevas: Obispo Espada. Ilustración, Reforma y Antiesclavismo. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1990, pp. 217-273.

[72]  Felipe Poey: “¿Si en esta Isla convendrá fomentar los cultivos menores que requieren pequeños capitales, sea con prohibiciones indirectas, con premios ó con otros medios adecuados y con la principal mira del establecimiento de los nuevos colonos y del aumento de la población en nuestros campos?”, en Discursos sobre una cuestión propuesta en la clase de Economía Política para los exámenes del año de 1820, premiados por la Sociedad Patriótica de Amigos del País. Oficina de Arazoza y Soler, impresores del gobierno constitucional, La Habana, 1820, pp. 4-5.

[73]  Alejandro de Humboldt: Ob. cit., t2, p. 40.

[74]  José de la Luz y Caballero: Ob. Cit., t2, p. 121.

[75]  Idem.

[76]  Saco ocupó la dirección de este Colegio el 15 de setiembre de 1832, sin embargo, estuvo pocos meses en esta institución debido a un desacuerdo con el propietario (Eduardo Torres-Cuevas: La polémica de la esclavitud. José Antonio Saco. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1984, p. 89).

[77]  Esta Memoria resultó premiada por la Real Sociedad Patriótica el 17 de diciembre de 1831. Sólo fue publicada en 1858, en Francia (José Antonio Saco: “Memoria sobre la vagancia en la Isla de Cuba”, en su Colección de papeles científicos, históricos, políticos y de otros ramos sobre la isla de Cuba, ya publicados, ya inéditos por… Imprenta de D´Aubusson y Angelmann, París, 1858, t1, pp. 177.229).

[78]  Unidas estas circunstancias a su ferviente defensa de la Academia Cubana de Literatura, las autoridades coloniales determinaron su expulsión de la isla en 1834. Este fue el comienzo de un prolongado exilio en Francia (Eduardo Torres-Cuevas: La polémica de la esclavitud…, pp. 78-82; 90-103).

[79]  Este Colegio fue fundado en 1829. Se supone que la salida de Luz del Colegio de San Cristóbal se debió a diferencias con Rafael Navarro, entonces director administrativo del plantel y después capitán del represivo Cuerpo de Voluntarios. (Hortensia Pichardo: “José de la Luz y Caballero en el Colegio de Carraguao”, en su: Facetas de nuestra historia. Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 1989, pp. 144-151)

[80]  Nicolás de Cárdenas; José de la Luz: “Informe sobre la Escuela Náutica”, en: Perla Cartaya Cotta: José de la Luz y Caballero y la pedagogía de su época. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1989, pp. 119-231. En especial, ver la nota 11 en la página 186.

[81] Fernando Ortiz: “Introducción biobibliográfica”, en Alejandro de Humboldt: Ob. cit., t1, p. CXXVII.

[82]  Alejandro de Humboldt: Ob. cit., t. 2, p. 65.

[83]  Ibídem, t. 2, p. 63.

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Letzte Aktualisierung: 04 Juni 2009 | Kraft
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