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Miguel Ángel Puig-Samper y Sandra Rebok
Thalassa – Asociación de Historia Marítima y Naval Iberoamericana

Alejandro de Humboldt y España:
La preparación de su viaje americano y sus vínculos con la ciencia española

1. Introducción

Se ha especulado mucho sobre las intenciones de Humboldt al llegar a Madrid, tras el fracaso de su viaje con el capitán Baudin y el posterior a Africa. Según la carta que dirigió desde Madrid a Reinhard y Christiane von Haeften el 28 de febrero de 1799, en agosto pensaba trasladarse a Tenerife para desde allí viajar a las Antillas danesas (Jahn/Lange 1973, 648-649). Humboldt daba la clave del cambio de intenciones en el texto redactado más tarde en su Viaje a las regiones equinocciales del Nuevo Continente (1991, t. 1, 44):

“Llegado a Madrid, tuve pronto la ocasión de felicitarme por la resolución que habíamos tomado de visitar la Península. El barón de Forell, ministro de la Corte de Sajonia ante la de España, me atestiguó una amistad que se me hizo infinitamente útil. Unía él a sus extensos conocimientos en mineralogía el más puro interés en empresas propias para favorecer los progresos de la ilustración. Me hizo entrever que bajo la administración de un ministro ilustrado, el caballero don Mariano Luis de Urquijo, podía yo esperar obtener el permiso de visitar a mis costas el interior de la América española. Tras las contrariedades todas que acababa de experimentar, no vacilé un instante en proseguir esta idea”.

Humboldt tenía varios motivos para tomar la decisión de viajar a España, pero sobre todo había dos. Uno, económico: tenía que ponerse en contacto con un banco español, que avalase su crédito en Berlín y que estuviese dispuesto a darle también en las colonias españolas las cantidades de dinero necesarias, a través de sus socios. Y otro, diplomático: necesitaba el permiso del rey español para investigar en las regiones que le interesaban, dado que pertenecían al imperio español. Conseguir este permiso normalmente no era un asunto fácil, ya que el gobierno español siempre había mantenido la política de no dejar entrar extranjeros en sus colonias, al menos de una manera tan privada. En parte debido a la capacidad diplomática que tenía Humboldt, pero en mayor medida por los contactos indicados que mantuvo con personas influyentes, y en último lugar una gran porción de suerte, fue lo que hizo posible que el prusiano consiguiera el permiso necesario para la realización de su proyecto americano.

Durante el viaje aprovecharon para realizar una amplia investigación científica –sobre todo de carácter geográfico, geológico y climatológico– de las regiones de España por las que pasaban. Así Humboldt probó durante el camino sus novedosos instrumentos de medición –sextante, cronómetro, barómetro y termómetro– que había traído desde París y determinó con ellos la altura sobre el nivel del mar y la ubicación astronómica de puntos geográficamente destacables. Además, estudió las formaciones geológicas de la meseta de Castilla y subió a Montserrat; entretanto, Bonpland estudió la flora, y coleccionó  plantas.

Aparte de esta preparación administrativa y económica del viaje americano realizada en Madrid, así como su investigación científica a lo largo de su viaje por España, hay que destacar la importancia de la capital española por ofrecer a Humboldt numerosas colecciones traídas desde América en expediciones anteriores, que le permitieron estudiar a fondo estos aspectos materiales de la realidad ajena con la que se iba a enfrentar poco después.

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Letzte Aktualisierung: 22 November 2007 | Kraft
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