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María Rosario Martí Marco

La figura del botánico valenciano Antonio José Cavanilles
en su relación científica con Humboldt y los botánicos alemanes*

3. El viaje de Humboldt por las colonias españolas

La obra americana de Alexander von Humboldt cabe decir que describe un compendio de estilos y formas: crónicas de viajes, prosaicas reproducciones de encuestas, censos y estadísticas, ensayos, análisis y evaluaciones de datos facilitados por personas o instituciones, meticulosos estudios meteorológicos, geológicos, botánicos, zoológicos y observaciones personales con una visión cosmopolita llena de madurez (Martí; Prüfer 2004). Humboldt tenía 30 años cuando emprendió su viaje a América. Recuérdense los enseres que acompañaron a Humboldt en este viaje trascontinental.

Durch die Güte des Ministers D. Mariano Urquijo habe ich mich der ausgezeichnetsten Unterstützung zur Beschützung und Beförderung meiner Arbeiten zu erfreuen. Die meisten meiner astronomischen Instrumente, Uhren, Barometer, Thermometer, Hygrometer, Elektrometer, Eudiometer, Magnetometer, Cyanometer, Compasse, Abweichungs- und Neigungs-Nadeln usw. sind glücklich angekommen und in immerwährender Tätigkeit. Wir haben schon eine große menge Pflanzen, Insekten, Muscheln gesammelt[1].

Humboldt declaraba a Cavanilles[2] cómo dibujó “muchos perfiles y mapas geográficos y sobre estos mapas, escalas higrométricas, electrométricas, etc. para indicar las cantidades físicas”. Desde La Habana escribíría al barón de Forell[3], embajador de Sajonia en Madrid:

¿Cómo describiros la conmovedora hospitalidad con que nos trataron? A los cuatro días nos separamos como si hubiéramos vivido juntos toda la vida. Mientras más vivo en las colonias españolas, más me gustan. Al regresar a Europa, me desespañolizaré con gran pesar (…). Uno de nuestros amigos, el Padre Andujar, capuchino, piensa acompañarnos, porque no encontraremos desde el Apure más que indios y misioneros. Los españoles no se atreven a entrar en las misiones. Nosotros gozamos de una protección distinguida.

Y en la carta a Cavanilles, Humboldt explicaría cómo:

mi estimado Bonpland y yo nos hemos mantenido siempre robustos, a pesar del frío y del hambre que hemos experimentado en los desiertos, los cambios de clima y de temperatura y la fatiga excesiva de nuestros penosos viajes, especialmente el último (…), jamás hemos tenido más fuerzas que cuando contemplábamos las bellezas y la magnificiencia que ofrece aquí la naturaleza.  

En otro momento escribía a C. von Haeften[4] sobre la vida tan llena y feliz que experimentó en estas exploraciones y sobre el efecto positivo del calor tropical para su salud:

Ich wiederhole ihnen, teure liebe, immer aufs neue, daß ich ein sehr, sehr glückliches fröhliches Leben führe. Alles geht leichter, gefahrloser, als ich je hoffen durfte. Die milde Tropenwärme ist meiner Gesundheit sehr günstig. 

Realmente los peligros del viaje fueron numerosos y algunos temibles pero la salud de Humboldt no se resquebrajó como manifiesta en carta a su hermano[5].

Soy extremadamente feliz; mi salud es tan buena como jamás lo ha sido; mi coraje es inquebrantable; mis planes resultan; y dondequiera que llego soy recibido con una obligante atención. Me he habituado tan bien al Nuevo Mundo que me rodea, a la vegetación tropical, al calor del cielo, a los lugares de las constelaciones, a los indígenas, que Europa se me aparece, en el recuerdo, como el país de mi infancia. Sin embargo vuelvo en mí y pienso estar de nuevo entre ustedes en otoño 1804.

En la misma carta indica los diversos desafíos que le amenazaban: los mosquitos,  las cataratas, las tormentas e intemperies que se prolongaban de manera ininterrumpida e inflamaban todas las noches la bóveda celeste y los evidentes rastros de antropofagia que encontraron en diversos lugares:

Se ven naciones que saben cultivar la tierra, que son hospitalarias, que parecen dulces y humanas, como los habitantes de Otahití, pero que son, como éstos, antropófagos[6].

 

Cómo es de grande y majestuosa la naturaleza en estas montañas!...... ¡Qué variedad de razas indígenas! Todas libres, se autogobiernan y se entre devoran (…) Alrededor de todo esto, diez o doce indios extendidos en sus hamacas y fogatas por todas partes para ahuyentar a los tigres, que son aquí tan feroces como en África. La falta de comida, los mosquitos, las hormigas, los aradores, un pequeño ácaro que se mete dentro de la piel y la ara como un campo, el deseo de refrescarse con un baño, y la imposibilidad de bañarse por la ferocidad de los caimanes, la picadura de las rayas y la mordedura de los pequeños peces caribes; es preciso juventud y mucha resignación para aguantar todo esto[7].

También explica a Delambre cómo les “salía sangre de los labios y los ojos” al ascender las cumbres[8]. Describe a su hermano cómo tuvieron que atravesar la cordillera nevada de los Andes a lo largo de catorce días, wo wir 14 Tage lang über Schnee gehen mussten[9] y refiere el riesgo del vómito negro y de la fiebre amarilla, que en ese momento hacían crueles estragos en Veracruz y les impedían bajar a la costa[10].

En la carta traducida del francés para la revista Anales de Historia Natural, dirigida a Clavijo, Humboldt expone[11] su sistema de trabajo ante las dificultades: “en una cadena de montañas poblada de tigres y serpientes es muy difícil transportar minerales, por ser preciso hacer a pie todas las excursiones, y así creo que lo más importante se reduce a observar por mayor, estudiar la estructura del globo e indicar las relaciones generales”.

El espíritu sin duda aventurero de Humboldt y Bonpland contrasta en cierta medida con la descripción sumamente crítica que realiza a los jóvenes americanos en carta a Mutis.

La física, las ciencias que faltan a todos los americanos no pueden echar raíces profundas sino en una generación robusta y enérgica. ¿Qué se puede esperar de unos jóvenes rodeados y servidos de esclavos, que temen los rayos del sol y las gotas del rocío, que huyen del trabajo, que cuentan siempre con el día de mañana y a quienes aterra la más ligera incomodidad? Estos jóvenes no pueden sino dar una raza afeminada e incapaz de los sacrificios que piden las ciencias y la sociedad[12].

 

[1] al Baron von Zach (Cumaná, 1 septiembre 1799).

[2] Carta a Cavanilles (México, 22 abril 1803).

[3] 3 febrero 1800.

[4] Cumaná, 18 octubre 1800.

[5] Carta a W. v. Humboldt (Contrerás en Ibagué, Nueva Granada, 21 septiembre 1801). Traducción de Marta Traba.

[6] Carta a Willdenow (La Habana, 21 febrero 1801). 

[7] Carta a Delambre (Nueva Barcelona, 24 noviembre 1800).

[8] Lima, 25 noviembre 1802.

[9] Popayán, 26 noviembre 1801.

[10] Carta al Instituto Nacional de Francia (México, 21 junio 1803).

[11] Caracas, 3 febrero 1800.

[12] Popayán, 10 noviembre 1801.

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Letzte Aktualisierung: 21 November 2008 | Kraft
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