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María Rosario Martí Marco

La figura del botánico valenciano Antonio José Cavanilles
en su relación científica con Humboldt y los botánicos alemanes*

2. Cavanilles en la relación epistolar de Alejandro de Humboldt

Para el presente estudio se han consultado especialmente las ediciones de las Cartas Americanas de Humboldt en alemán, español y francés pero se ha de subrayar que la correspondencia de Cavanilles, localizada en los Archivos del Jardín Botánico de Madrid, todavía se encuentra sin editar. Cuando se estudie el archivo de Cavanilles o se edite su correspondencia será posible completar esta relación epistolar. Gran número de cartas jamás llegaron a sus destinatarios, generalmente por los naufragios en el transporte que unía Europa con el continente americano. Muchas cartas de Humboldt fueron destruidas en los bombardeos de la segunda guerra mundial en Alemania o desaparecieron tras el saqueo ruso del castillo familiar de los Humboldt en Tegel en 1945. Otras reposan todavía en archivos públicos o privados. Por ello se hace difícil explicar la escasez de correspondencia entre Humboldt y Cavanilles, así como entre Humboldt y Bolívar, Alamán o Delhuyar, aunque hay que suponer un intercambio epistolar más nutrido, imposible de reconstruir por el momento (Minguet 1980: XI). En 1805 Humboldt pedía[1] a Bonpland que hiciera “una lista de las gentes que hay que alabar perpetuamente” y en ella incluía a Cavanilles y a Mutis.

Muy señor mío: acabamos de llegar a esta grande y magnífica ciudad de México, y deseando daros una nueva señal de nuestra existencia, aventuro ésta para ver si tendrá mejor suerte que mis cartas anteriores.

Así da inicio la carta, muy larga, en francés (traducida al español en Anales de Ciencias Naturales y al inglés en Annals of Botany), única conservada hasta hoy, que Humboldt escribiera a Cavanilles desde México el 22 de abril de 1803. Introducía el gran problema de la correspondencia remitida desde América, así como de los herbarios y minerales que solían acompañarla[2]. Muchos de ellos pasaban a manos de piratas, corsarios, barcos ingleses o franceses enemigos o desaparecían en las tormentas del Atlántico, pereciendo también con ellos la tripulación y los pasajeros.

La vía usual para el envío de cartas a Europa fue lógicamente la marítima. En misiva al barón de Zach[3], Humboldt expone cómo la llegada de un brigantín español le brinda la oportunidad de enviarle señales de vida:

eine spanische Brigantine aus Cadix (…) verschafft mir die angenehme Gelegenheit, Ihnen ein Lebenszeichen von mir zu geben und einige Nachrichten von meinen Arbeiten mitzuteilen.

Como de cada cuatro cartas que se mandaban a Europa, tres se perdían, los emisarios decidían repetir los contenidos en cada una de ellas. Así consta en la misma carta:

wundern Sie sich nicht, wenn mehrere meiner Briefe Wiederholungen enthalten werden. Da man hier zu Lande rechnet, dass auf vier Briefe, die man nach Europa schickt, drei verloren gehen, so muss man das, was man seinen Freunden bekannt machen will, öfter wiederholen.

Pero como se deduce de la carta enviada a Joseph Banks[4], presidente de la Royal Society inglesa, se experimentaba continuamente una situación de cierta incertidumbre e inseguridad con la correspondencia:

j´ai osé vous adresser par le voie du Nord Amérique deux lettres avec des graines pour le jardin de Kew, sur le sort desquels je suis resté incertain dans un moment ou ces malheureuses mers sont couverts non de Corsaires mais de Pirates[5]

En su relación epistolar con José Clavijo y Fajardo, subdirector del Real Gabinete de Historia Natural de Madrid, Humboldt aprovecha varias veces para trasmitir calurosos saludos a su amigo Cavanilles, además de indicarle el envío regular de plantas. La fama literaria y científica de Clavijo y Fajardo corrió en paralelo a la de seductor y como tal ha pasado a la historia gracias a las creaciones de dos grandes de la literatura como son Beaumarchais y especialmente Goethe con su obra Clavigo (Martí 2006: 259).

Mes respects a Mr. le Baron de Forell, Mrs. Proust, Herrgen, Cavanilles (à qui j´ai envoyé des plantes), Fernandez, D. Rafael Clavijo[6].

 

Mis afectos[7]  al célebre Cavanilles. Nos preocuparemos de enviar semillas al Jardín de Madrid. Es imposible que todas se hayan perdido. Pero nos queda una cruel incertidumbre[8].

Según el carácter de las cartas, pocos de los envíos de Humboldt a Cavanilles pudieron concretarse en destino. Otras veces algunos envíos no pudieron hacerse efectivos debido al exceso de humedad que corroía los herbarios:

aber ach! Mit Tränen eröffnen wir fast unsere Pflanzenkisten. Unsere Herbaria haben dasselbe Schicksal, über das bereits Sparman, Manks, Swartz und Jacquin geklagt. Die unermessliche Nässe des amerikanischen Klimas, die Geilheit der Vegetation (…) haben unsere Sammlung verdorben[9].

Fue el botánico y también sacerdote J. C. Mutis, desde Santa Fe de Bogotá, quien informó a Humboldt sobre “la gran revolución que había acaecido en el Jardín Botánico de Madrid con el nombramiento de Cavanilles, amigo de ambos, como director, profesor y único jefe de aquel establecimiento[10]”. En efecto, al ser Cavanilles nombrado director en 1801, el Real Jardín Botánico se convirtió entonces en el centro de los demás jardines de la península y de los que ya existían o pudiesen crearse en todos los dominios españoles de ultramar. Entre sus ayudantes Cavanilles nombró a Francisco A. Zea, Mariano Lagasca, José Demetrio Rodríguez y José Guío. Sus funciones como nuevo director serían enseñar botánica según el sistema que considerara más conveniente y nombrar para las cátedras de la península y demás dominios a aquellos que hubiesen aprovechado y estudiado esta ciencia así como escogiendo a los que habrían de viajar en las expediciones científicas (Pelayo; Garilleti 1992: 145).

Humboldt describe a Cavanilles desde México el ardor y entusiasmo de su compañero de viaje A. Bonpland para recoger riquezas recorriendo parajes jamás visitados por botánico alguno: “el resultado es que nuestra colección actual sobrepasa las 4.200 plantas, entre las cuales se encuentran muchos géneros nuevos, una multitud de gramíneas y un creciente número de palmeras.”. Y añadía “así como la botánica ha sido una parte accesoria del objetivo principal del viaje ha ocurrido lo mismo con la anatomía comparada, de la cual tenemos muchas piezas preparadas por mi compañero Bonpland”. El ciudadano Bonpland añadió a la carta de Cavanilles unas letras:

viniendo de Acapulco hacia esta ciudad he tenido el gusto de encontrar la planta a la cual habéis querido dar mi nombre y de verificar la exactitud de vuestra descripción. La he cultivado en este jardín, junto con otras especies que, creo deben reducirse al mismo género Bonplandia.

Fue Mutis quien comunicó[11] a Bonpland la dedicación por Cavanilles de una planta a su nombre:

En esta correspondencia recibí el número 5 de los Anales, en que se halla la memoria de Zea sobre las Quinas de Santa Fe y allí mismo el género dedicado a nuestro buen Bonpland[12], que hice copiar para remitirlo en ésta.

Posteriormente, Humboldt expidió unos ejemplares de plantas sobre los que Willdenow formaría otro género Bonplandia (1802). Cavanilles también le dedicó un género a Willdenow (Willdenova Cav.) y otro a Usteri (Usteria Scandens Cav.). En 1805 Humboldt comentará[13] a Bonpland que Cavanilles se equivocó:

Le agradezco mil veces la bondad con que corrige mis manuscritos. No es un trabajo agradable, pero usted es tan bueno, y sólo usted es capaz de leer bien lo que yo borroneo. No se olvide de agregar, como Cavanilles, Corizocar, Auctore, Cervantes (…). Usted tiene el género más bello, el género más interesante, el género más a menudo citado que puede tener un botanista. Su miserable Bonplandia (Cavanilles) ya puede destruirse. Los muertos se equivocan y usted podrá publicar por sí mismo los Hoitzia y esa Bonplandia de Willdenow.

Por otra parte, resulta de interés observar en la correspondencia americana de Humboldt el número de plantas citadas con algún calificativo relacionado con Cavanilles o incluso en su obra sobre los Sitios de las Cordilleras:

Desde Cartagena visitamos a menudo el célebre bosque de Turbaco, conocido por el extraordinario espesor de sus árboles; se ven troncos de ocho pies de diámetro, por ejemplo los de Cavanillesia Mocundo, que escaparon a la atención del excelente Jacquin[14].

 

Wir bleiben einige Monate in Caracas; wir sind hier einmal in dem göttlichsten und vollsten Land. Wunderbare Pflanzen, Zitteraale, Tiger, Armadille, Affen, Papageien und viele echte halbwilde Indianer, eine sehr schöne und interessante Menschenrasse (…). Von hier bis Havanna haben wir nur eine Reise von 8 bis 10 Tagen (…) Welche Bäume! Kokospalmen, 50 bis 60 Fuß hoch (…). Denke nur, dass dies Land so unbekannt ist dass ein neues Genus welches Mutis (s. Cavanilles Icones, tom. 4)  erst vor 2 Jahren publizierte[15].

 

Depuis notre départ de la Trinité de Cube nous avons visité le Rio Sinu, les environs de Cartagena (ou les petits Volcans d´air de Turbaco, á l´ombre d´une nouvelle et majestueuse espèce de Cavallinesia[16].

 

En un espeso bosque donde abunda (…) la Cavanillesia mocundu, cuyos frutos membranosos y transparentes parecen linternas suspendidas de la extremidad de las ramas[17].

Brevemente me referiré de nuevo a la revista Anales de Historia Natural. Humboldt expresaba a Cavanilles las gracias por “los elogios que me han prodigado en el número 15 de los Anales”. Y en carta a Willdenow manifestaba que ya llevaban realizados desde América más de doce grandes envíos de semillas frescas para el Jardín Botánico de Madrid, donde Cavanilles ya había descrito y clasificado taxonómicamente algunas nuevas especies[18] en los Anales. En carta desde La Habana al Marqués de Someruelos apuntaba que

si la Habana fuese un país visitado por naturalistas, el cerrito de Guanabacoa tendría más fama en el mundo. Alguna he buscado darle en una memoria mía impresa en Madrid en el año 1802 en los Anales del Abate Cavanilles[19]

En 1799 Clavijo propuso la creación de la primera revista científica de ciencias naturales de España, Anales de Historia Natural, que Cavanilles junto con C. Herrgen L. Proust, y D. García Fernández, editarían. Se le concedió a J. Clavijo y a Cavanilles la tarea de ser el censor de esta obra. En la segunda época de la revista intervino más directamente Cavanilles que Clavijo. La revista mudó su título por el de Anales de Ciencias Naturales en 1801. Llegaron a publicarse 31 fascículos, en los que Cavanilles colaboró con más de medio centenar de artículos. También se publicaron trabajos y comentarios sobre libros aparecidos en el extranjero, al modo usual de las revistas europeas de la época. Concretamente el alemán Herrgen[20] sería el encargado de presentar las recensiones de publicaciones en lengua alemana: “Herrgen, ein deutscher und Aufseher des Naturalienkabinetts zu Madrid, die Notizen aus deutschen Schriften lieferte” (L.V. 1807, 160). Así a lo largo de los cinco años de la publicación de esta revista, aparecen siete cartas y dos trabajos de Humboldt, lo que hace que después de Cavanilles y Herrgen, Humboldt sea el tercero en “productividad”, y además se encuentran treinta referencias a sus actividades científicas en artículos de otros autores. (Puig-Samper 2002, 120). La publicación dejaría de editarse tras el fallecimiento de Cavanilles en 1804 y el de Clavijo en 1805.

Humboldt finalmente inmortalizó a Cavanilles en la obra Cosmos:

El primero que tuvo la idea de ver crecer la hierba fue el célebre naturalista Cavanilles, dirigiendo un anteojo muy graduado provisto de un hilo micrométrico horizontal, ya sobre el tallo de un áloe americano (Agave americana) que tan rápidamente crece, ya sobre la guía de un vástago de bambú, ni mas ni menos que hacen los astrónomos cuando miran una estrella culminante por la cuadrícula de sus telescopios (Humboldt 2005, 157).


 

[1] Roma, 10 junio 1805.

[2] Carta de P. Ceballos a Cavanilles (San Lorenzo, 23 agosto, 1803): “Conforme a lo que Vm. Ha solicitado en 18 de este mes acerca de los paquetes de semillas, esqueletos de plantas y cartas que el barón de Humboldt ha enviado a Vm. Desde México y ha dirigido al Real Gabinete de Historia Natural, paso hoy la orden correspondiente a fin de que se entregue a Vm. Lo que haya a su nombre en el espesado Gabinete.”

[3] Carta a F.X. Freiherr von Zach (Cumaná, 1 septiembre 1799).

[4] Cumaná, 15 noviembre 1800.

[5] La lengua vehicular científica seguía siendo el latín, que coexistió en el siglo XVIII con la lengua francesa y fue muy lentamente desplazada por ella. Las relaciones epistolares de Cavanilles fluyen en español, francés y latín. Las de Humboldt en español, francés y alemán. Humboldt disculpa su alemán en carta a Wildenow “verzeih mir mein elendes Deutsch, da ich seit zwei Jahren ewig spanisch und französisch spreche“ (Habana, 21.2.1801).

[6] Popayán, 25 noviembre 1801.

[7] “Mille amitiés au célèbre Cavanilles. Nous nous tuons à envoyer des grains au Jardin de Madrid. Il est impossible que toutes ayant etées perdues. Mais nous demeurons dans une cruelle incertitude » (Quito, 12.6.1802).

[8] Quito, 12 junio 1802.

[9] Carta a K.L.Willdenow (Habana, 21 febrero 1801).

[10] 21 mayo 1802.

[11] Santa Fe de Bogotá, 21 octubre 1801.

[12] El artículo “Descripción del género Bonplandia y de otras plantas” se encuentra en Anales de Historia Natural, 2, 1800 (pp. 131-142).

[13] Roma, 10 junio 1805.

[14] Carta a W.v. Humboldt (Contreras en Ibagué, Reino de la Nueva Granada, 21 septiembre 1801).

[15] Carta a W.v. Humboldt (Cumaná, 17 julio 1799).

[16] Carta a Clavijo y Fajardo (Popayán, 25 noviembre 1801).

[17] Alejandro de Humboldt, Sitios de las cordilleras y monumentos de los pueblos indígenas de América. Traducción de Bernardo Giner de los Ríos. Madrid, Imprenta y librería de Gaspar, 1878, p. 37.

[18] Carta a K.L. Willdenow (México, 29 abril 1803): « Wir haben schon über zehn- oder zwölfmal große Sendungen frischer Sämereien von hier abgeschickt: an den Botanischen Garten in Madrid, wo Cavanilles, wie ich sehe, in den Anales de Historia Natural bereits einige neue Spezies aus diesen Samen beschrieben hat; an den Garten in Paris; und über Trinidad, an Sir Joseph Banks in London. Allein, denke darum nicht, dass mein Reichtum erschöpft sei oder dass ich Berlin vergessen werde. Ich besitze eine ausgezeichnete Sammlung, die ich zu Quito, zu Loxa, am Amazonenflusse bei Jaen, auf den Anden von Peru und auf dem Wege von Akapulko nach Chilpensingo und Mexiko, zusammengebracht habe. Diesen Schatz will ich nicht dem Zufall der Posten, die unglaublich nachlässig sind, anvertrauen.

[19] La Habana, 7 abril 1804.

[20] Por decisión de Herrgen se incluyó en la revista Anales de Ciencias Naturales 6 (17) (182-184), Madrid, 1803, la descripción de Cavanilles de la Cueva de les dones (Millares, Reino de Valencia) que se encontraba en Observaciones, t.2.

 

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Letzte Aktualisierung: 21 November 2008 | Kraft
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