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María Rosario Martí Marco

La figura del botánico valenciano Antonio José Cavanilles
en su relación científica con Humboldt y los botánicos alemanes*

Introducción

En la presente contribución me propongo estudiar los vínculos que existieron entre Alexander von Humboldt (Berlín, 14 septiembre 1769 - Berlín, 6 mayo 1859) y Antonio José Cavanilles y Palop (Valencia, 17 enero 1745 - Madrid, 10 mayo 1804) en el umbral del siglo XVIII e inicios del siglo XIX sobre la base epistolar de la correspondencia que ambos mantuvieron o en la que aparecen citados, sobre su colaboración científica y sus decisivas aportaciones al libro de viaje científico y a la botánica.

Para ello es conveniente contextualizar algunas de las relaciones amistosas de estos sabios. Alexander von Humboldt dedicó su viaje por las regiones equinocciales del continente americano al gran poeta alemán Friedrich von Schiller, fallecido el 5 de mayo de 1805, con estas palabras dirigidas al famoso editor J.Fr. Cotta[1] en Tübingen: “mi viaje está asociado a Schiller”. Por otra parte, Humboldt, hombre polifacético y cosmopolita, siempre reconoció y agradeció con sinceridad la especial protección de la corona española para realizar la expedición científica a las colonias de ultramar (1799-1804). En la despedida de su carta a Cavanilles desde México dirá:

le ruego hacer llegar nuestro agradecimiento por los innumerables favores que debemos a los españoles en todas las partes de América que hemos visitado, porque seríamos bien ingratos si no hiciéramos los más grandes elogios de vuestra nación y de vuestro gobierno, que no ha cesado de honrarnos y protegernos. Siempre suyo[2].

 

Ich rechnete damals, als ich nach Spanien kam, nur auf eine sichere Überkunft nach Marokko. Aber die liberale Art, mit der mich der neue und junge Staatsminister D. Mariano de Urquijo aufnahm, die ausgezeichnete Gnade, mit der mir der König und die Königin persönlich begegneten, ließ mich bald mehr hoffen. Der Sächsische Gesandte, Baron v. Forell, ein vortrefflicher Mineraloge und Besitzer eines interessanten geognostischen Kabinetts, verschaffte mir die Erlaubnis, mit allen meinen Instrumenten die spanischen Kolonien zu besuchen. Der König äußerte mir noch, als ich mich ihm zum Abschiede am Hofe zu Aranjuez zeigte, wie gern er zu nützlichen wissenschaftlichen Zwecken behilflich sei[3].

El segundo descubridor de América, así llamado por Simón Bolívar, llegó a España haciendo el recorrido litoral desde el Pirineo por Valencia hasta la provincia de Murcia para después, atravesando La Mancha llegar hasta la Corte en Aranjuez y Madrid, donde encontró en la primavera de 1799 al botánico Cavanilles. Así describe Humboldt el paisaje valenciano en carta a su profesor de botánica K. L. Willdenow, a quien Cavanilles conoció en París en 1788.

Hice a pie la mayor parte del camino costeando el Mediterráneo, pasando por Montpellier, Narbonne, Perpignan, por los Pirineos, Cataluña hasta Valencia y Murcia, y de ahí, a través de la meseta de La Mancha, hasta aquí. (…)

 

¡En la provincia de Valencia el país parece un eterno jardín, rodeado de cactus y de maguey! Las palmeras altas de 40 a 50 pies, cargadas de racimos de frutos (...). Los campos parecían bosques de árboles de pan, olivares y naranjales, muchos de los cuales están coronados como los perales. En Valencia se paga una peseta (más o menos seis Groschen) por ocho naranjas (…). La exhuberancia de la vegetación de la cuenca de Valencia no tiene parangón en Europa. Uno cree ver por primera vez árboles y hojas frente a esas palmeras, a esos granados, esas ceratonias, esas malvas, etc. El termómetro subía a 18 grados Réaumur a la sombra, en mitad de enero. (…) Pobres de vosotros, que apenas podéis calentaros, mientras que yo estoy sentado bajo naranjos en flor, la frente empapada en sudor, o recorro campos que, irrigados por miles de canales, preparan cinco cosechas (de arroz, de trigo candeal, de cáñamo, de arvejas y de algodón). ¡Qué fácilmente se olvida el mal estado de los caminos y los albergues[4], donde a menudo no se encuentra ni un pan, en presencia de esta abundancia de plantas, y de estas formas humanas de indescriptible belleza! Casi toda la playa está bien cultivada. (…) En el país entre Castellón de la Plana y Valencia, la agricultura y la jardinería no han sido sobrepasadas posiblemente en toda Europa[5].

La estancia de Humboldt en Madrid tuvo lugar en la primavera de 1799, entre el 22 de febrero y el 13 de mayo, introduciéndose inmediatamente en el ambiente científico de la capital española, y es allí, en esos escasos tres meses, cuando conoce personalmente a Cavanilles. Humboldt tenía 30 años, Cavanilles 54. El grupo español que brindó apoyo a Humboldt es hoy mejor conocido. Humboldt se vinculó a la tertulia de María Francisca de Sales Portocarreño, formada por un círculo de intelectuales en el que participaría con cierta asiduidad (Puig-Samper 1999: 329). No consta en la historiografía cómo se inició esa amistad, pero bien pudiera ser a través del alemán Herrgen, quien acompañó al prusiano Humboldt durante su estancia en la corte. En estos meses, el botánico alemán Willdenow[6] y el profesor alemán Link envían recuerdos a Humboldt a través de Cavanilles. También el barón alemán Hoffmansegg[7] preguntará a Cavanilles por las condiciones de viaje de Humboldt y le informa que es el autor de la pequeña Flora Fribergensis.

En carta al Barón de Forell, Humboldt relata cómo transcurrió uno de esos días en Madrid en donde pasó media jornada en la colección del rey y cenó con su respetable amigo Clavijo.  En otra ocasión le comenta cómo “hoy día excavé con Proust y Herrgen en las minas de la Escuela[8]”. A finales de mayo Humboldt y Bonpland llegaron a La Coruña para iniciar así su definitivo periplo marítimo por las colonias españolas de ultramar, visitando primero las Islas Canarias.

1. Reivindicación de la figura de Cavanilles en el periodo ilustrado europeo y su contextualización en el ámbito germánico 

El Director del Real Jardín Botánico de Madrid, el valenciano José Antonio Cavanilles, sacerdote y eminente botánico, falleció[9] en 1804, fecha en la que Humboldt regresaba a París procedente de su viaje americano. Humboldt tenía en este momento 35 años. La relación personal y profesional que ambos mantuvieron fue estrecha, como se desprende del análisis epistolar, aunque evidentemente limitada por la prematura muerte del botánico Cavanilles a sus 59 años.

Cavanilles fue uno de los más relevantes botánicos del periodo ilustrado y disfrutó de una acreditada proyección científica en Europa; contribuyó al conocimiento de la flora mundial  con más de 80 géneros y 1000 nombres (Pelayo; Garilleti 1992: 129). Por sus contribuciones al conocimiento de la taxonomía botánica puede ser considerado como el más importante naturalista sistemático español del periodo ilustrado (Pelayo; Frías 1995: 198). Sus descripciones de centenares de especies de casi todo el mundo continúan hoy unidas a su nombre en la Nomenclatura Botánica Internacional. Asimismo contribuyó ampliamente al conocimiento de la flora americana, como indicó Humboldt varias veces. Su vida científica se interrumpió inesperadamente con su muerte, siendo Director del Jardín Botánico de Madrid y en el momento en que acometía un programa de innovación de los planes de estudios universitarios de Botánica. Estas palabras que describen su personalidad aparecerían en una nota necrológica de doce páginas en la revista Neues Journal für Botanik (1807):

Cavanilles war groß, wohlgestaltet, von gefallender äußerer Bildung. Er war lebhaft, munter und dreist, und hatte ganz den valencianischen Nationalcharakter, der von dem kastilianischen sehr verschieden ist. (…) Er dachte frei und aufgeklärt.

También hubo una nota necrológica en Londres, en Annals of Botany (Koning 1805). Peset y Puig-Samper (1995: 135) lo describirán como un “personaje piadoso y elegante, científico y pragmático, universal y patriotero”; yo diría, en cambio, amante de su país y especialmente de su tierra valenciana, el “país de sus delicias”.

Cavanilles fue miembro de las más prestigiosas Academias del continente, a través de las cuales se integraría en las élites europeas. Fue miembro junto con el sueco Swartz de la Regia Societas Scientiarum Uppsaliensis (Suecia); de la mano de Jussieu, Lamarck y Fougeroux de Bondaroy fue nombrado correspondiente de la Academia de Ciencias de París; a comienzos de 1787 quedó incluido en la Societé Royale d´Agriculture; en abril de 1790 formó parte de la recién constituida Linnean Society de Londres. En 1792 le llegaron los nombramientos de la Societas Naturae Curiosorum Turicensis de Zürich y de la Academia Scientiarum Petropolitanae de San Petersburgo. K. L. Willdenow, propuso su candidatura en el verano de 1798 como miembro de la Gesellschaft Naturforschender Freunde de Berlín[10]; quien también propondría después la de Humboldt.

Cavanilles fue ciertamente un personaje de relieve internacional. En sus relaciones epistolares figuran científicos como los  austriacos N. J. Jacquin[11] y F. P. Adam[12], conde de Waldstein; el suizo Paul Usteri[13]; los botánicos alemanes J.J. Roemer[14], K.L. Willdenow[15], F.C. Achard, J.S. Kerner[16], H.A. Schrader, J. Hedwig[17], J.C. von Schreber[18]; el alemán afincado en Rusia, M. S. Pallas; el conde Hoffmansegg[19] y H. F. Link[20], viajeros especialmente por Portugal; los ingleses J. Banks[21] y J.E. Smith[22]; el checo J.C. Mikan[23] y su fiel amigo y gran investigador, también valenciano, el jesuita Juan Andrés (ed. Aullón de Haro 1997-2001), quien desde Mantua le brindaría los contactos con los botánicos italianos y un gran apoyo intelectual. En todo el epistolario de este autor, el creador de la primera Historia universal de las ciencias y las letras, se revela una gran admiración y respeto hacia la persona y trabajo de Cavanilles (Martí, 2006).

Muchas de sus aportaciones se publicaron inmediatamente en revistas de gran prestigio con  traducciones o transcripciones literales, así en Magazin für die Botanik, en la que primero actuó como corresponsal del Jardin du Roi y en donde posteriormente menudean sus trabajos y controversias científicas, y en Annalen der Botanik, ambas editadas en Zürich; en el Magasin Encyclopédique de París y en la revista Annals of Botany de Londres. Numerosos artículos se tradujeron al alemán como el del caso del terremoto del Reino de Quito, publicado en Anales de Historia Natural (1800), después traducido con el título Das Erdbeben Südamerikas von 1797 en el Neue Berlinische Monatsschrift (1803). Aunque en ese momento cualquier novedad había de ser publicada por entonces en el París de las luces, desde donde se difundiría a los demás países y en lengua latina, que seguía siendo la lengua científica de mayor difusión, y en menor medida la francesa. Ya en 1787 Usteri le explicó a Cavanilles las características de la revista Magazin für die Botanik de la que era co-editor, solicitando su colaboración[24] y le ofreció[25] la posibilidad de elaborar extractos germanica lengua de los trabajos sobre la Monadelphia para ser publicarlos. Usteri estableció con Cavanilles un intercambio de publicaciones científicas digno de encomio. En esta misma revista se publicarían desde 1787 hasta 1790 numerosas recensiones y extractos de sus cartas (Auszüge aus Briefen von Herrn A.J. Cavanilles aus Paris vom roten Februar 1787) y de la obra Monadelphia. Desde 1790 hasta 1800 la gran mayoría de las recensiones se hizo en Annalen der Botanik (Kurze Nachrichten v. Herrn Abbé Cavanilles d.d. Madrid) y especialmente sobre su obra Icones. Fue fundamentalmente Usteri quien realizó la labor de difusión de la obra de Cavanilles en lengua alemana, también las transcripciones, las recensiones y las traducciones al alemán y mantuvo con Cavanilles una correspondencia muy fluida: “Ich habe bereits drey Dissertationen herausgegeben, worin 267 Pflanzen beschrieben und auf 75 Kupfertaffeln abgebildet sind“ (Magazin für die Botanik, 1, 1787).

En la capital francesa se había desarrollado desde mediados de siglo XVIII un gran interés por las Ciencias Naturales. Se multiplicaron los gabinetes de historia natural, en donde se encontraban interesantes colecciones y se ofrecían cursos de divulgación científica tanto en instituciones reales como en sus laboratorios. Durante el siglo XIX cambiaría el liderazgo en los estudios botánicos, apareciendo con fuerza la escuela alemana (González 1988: 51).La necrológica alemana, de gran precisión y neutralidad en sus apreciaciones, relata cómo Cavanilles, aunque de origen humilde, pues sus padres tenían un pequeño comercio y un patrimonio muy mediano, “seine Eltern hatten dort in Valencia einen kleinen Handel und besaßen ein sehr mittelmäßiges Vermögen” (L.V. 1807,151), fue persona con reconocible talento desde niño (fähiger Kopf) y, por ello, en su entorno familiar, se le animó a seguir estudios universitarios (Bas 1997: 223). Son muy conocidas y están en parte investigadas las razones por las que Cavanilles se trasladó a París en 1777 como preceptor de la familia de los Duques del Infantado. Su estancia allí, decisiva para su formación como botánico, se ha podido seguir al hilo de su correspondencia con el sacerdote José Viera y Clavijo, preceptor de otra familia en París y con el que asistió durante al menos tres años a los cursos de diferentes disciplinas que se impartieron en la corte parisina. Cavanilles se había doctorado en Teología en la Universidad de Gandía, aunque había realizado también estudios de matemáticas y física en la Universidad de Valencia. Desde 1767 se había presentado tres veces a cátedra sin obtenerla. Cuando en 1772 se ordenó sacerdote ya era preceptor. Su sólida formación humanista y racionalista en la universidad valenciana le ayudó a caminar en París por los senderos de la ciencia natural (Álvarez 1946. 9). El gran mérito de Cavanilles fue realmente formarse de manera autodidacta como botánico: “Botanik war seine einzige Beschäftigung; er liebte sie enthusiastisch und das Glück hatte seine Lieblingsneigung sehr befördert” (L.V. 1807, 161).

En París asimiló el método de Condillac, asistió al curso de Valmont de Bomare (Pelayo; Frías 1995: 197), conoció y siguió al Conde de Buffon, director del Jardin du Roi. Trabó amistad con el caballero de Lamarck, quien le había otorgado el honor de cederle alguna de las voces de la Encyclopedie (Botanique) (Bueno 2002: 84), así como con Jussieu con quien desarrolló una relación epistolar durante dieciocho años, Desfontaines, Thouin, Cels, entre otros muchos. De forma excepcional nos relata el autor de la necrológica cómo logró obtener el reconocimiento de las cabezas rectoras de la botánica francesa.

Im Jahre 1777 führte er den jungen Duque nach Paris. Hier bekam er Gelegenheit und Muße sich zu bilden und er tat dies mit großem Eifer und einer außerordentlichen Beharrlichkeit. Das Studium der Botanik, wovon C. nur äußerst geringe Kenntnisse vorher besaß, lockte ihn vorzüglich. Er suchte Bekanntschaft mit dem Gärtner im Botanischen Garten in Paris, Thouin, er fing damit an, sich ein Herbarium zu machen, wozu ihm jener Garten Stoff genug gab; er wurde dann mit Jussieu bekannt und so erweiterte er immer mehr seine Verbindungen und Kenntnisse. Diese Verbindungen fingen besonders mit dem Jahre 1779 an. (…) Der Pariser garten hatte schon seit vielen Jahren Samen von allerlei Pflanzen in Menge aus den Kolonien erhalten, aber es fehlte an einem Botaniker, der sich die Mühe gegeben hätte, die große Menge von neuen Arten zu unterscheiden und zu beschreiben. Buffon, der Oberaufseher des Gartens, hasste das Detail der Naturkunde, auch Jussieu bekümmert sich wenig um die Arten und dachte nur an sein Werk über die natürlichen Ordnungen und Gattungen der Pflanzen. Desfontaines war mit Nordafrika beschäftigt und als botanischer Schriftsteller wagte Thouin nicht viel. Man unterstützte C. in einer Arbeit, bei welcher, nach der damaligen Stimmung, nicht eben große Ehre, wenigstens nicht der Ruf eines geistreichen Mannes zu gewinnen war (L.V. 1807, 152).

En el archivo privado de Cavanilles y en su biblioteca selecta se encuentran, entre otras, las obras sobre botánica del alemán Christian Jakob Trew, con una rica colección iconográfica de plantas y las obras de Linneo que, como la Flora Suecica, adquirió en París. Pero también numerosas notas o resúmenes manuscritos de obras escritas en latín, como las de los alemanes J. Gaertner y E. Baldinger, notas del sueco C.P.Thunberg, sucesor de Linneo, y sobre la estancia del también sueco Löfling en América. A finales de 1782 Cavanilles recibe la Explicación de la Filosofía Botánica de Linneo, traducida al español por Palau, segundo catedrático del Real Jardín Botánico, primera obra botánica que Cavanilles veía en castellano. También se interesó por adquirir otras obras de botánica en lengua alemana, no traducidas al francés (González Bueno 2002: 277).

En 1784 publicó en París Observations sur l´article Espagne de la nouvelle Encyclopedie, traduciéndose inmediatamente al español por Mariano Ribera y un año después, en 1785, al alemán por J.J. Biester con el título Über den gegenwärtigen Zustand von Spanien[26]. En este largo artículo de 150 páginas Cavanilles mostraba su desacuerdo con la voz “España” en la Nueva Enciclopedia (Diccionario Geográfico), redactada por N. Masson de Morvilliers (Álvarez 1946:10), en la que, como es bien sabido, insulta a la Nación Española y hace un retrato “injusto y falso”: precisamente “él sabía muy bien quan insuficiente es su instrucción” pues jamás había estado en España, ni había leído las obras de los españoles ni entendía la lengua española. La crítica de que la Nación estuviera „en un profundo letargo y cubierta de tinieblas y de suma ignorancia”, que “se desdeñaran las luces que se le presentan” y “que no hay otra cosa entre los españoles que ignorancia, apatía o gravedad ociosa” ofendió de tal manera a Cavanilles que, reconociendo “el crédito de la Enciclopedia, como depósito fiel de los conocimientos humanos”, punto por punto intentó desarmar las insolencias de Masson en este artículo de forma sencilla y breve. El autor de la necrológica comenta:

einem Manne, welcher Spanien äußerst wenig kannte und mit echt französischem Vorurteile alles bitter tadelte. Dieser Artikel erregte grossen Unwillen bei allen Spaniern zu Paris, besonders in dem Hause des Duque del Ynfantado. (…) die Schrift des letztern (C.) ist mit Heftigkeit geschrieben (L.V. 1807, 153).

Fue singular el duelo establecido entre Cavanilles y los enciclopedistas (Gutiérrez 1947: 47). Según Marías (1966: 317), el artículo de Masson tenía muy poco interés; su información era considerable en algunos aspectos, superficial casi siempre (…). Se debe casi exclusivamente a la insolencia y el descaro de su famosa pregunta Que doit-on à l´Espagne? El traductor al alemán de estas Observations de Cavanilles  “del que no se conoce ningún otro texto relativo a España, dedicó la mayor parte de su actividad al estudio de la literatura griega; en 1783 formó parte, junto a Mendelssohn, Nicolai, Teller, Engel y Spalding, de una sociedad filosófica, establecida en Berlín, desde la que ejerció una cierta influencia en la vida cultural de aquella ciudad” (González 2002: 106). No hay que olvidar que este círculo estaba compuesto en gran parte por intelectuales judíos y a él asistió con asiduidad Alexander von Humboldt. J. Marías (1966: 317) ha estudiado la respuesta en Alemania de apoyo a Cavanilles. Se trata del discurso de defensa del abate italiano Carlos Denina en la Academia de Berlín (26 enero de 1786) con motivo del cumpleaños del rey[27]. En el Archivo de Cavanilles se halla el primer manuscrito original en castellano, diferente de la posterior traducción al español de Mariano Ribera[28].

La sólida formación de Cavanilles en lógica y ciencias físico-matemáticas le condujo a tener como supuestos básicos el orden y la precisión. Por ello, se dedicó principalmente a la taxonomía, utilizando una modificación del sistema del gran naturalista y médico sueco Linneo. Su estilo de pensamiento concedió una función primordial a la experiencia. Se ha señalado que Cavanilles fue un “botánico de gabinete” o un “científico de cámara”, pero la realidad es, que si bien defendió la metodología de la clasificación de plantas mediante herbarios, no por ello dejó de realizar trabajos de campo, como así lo demuestra gran parte del Diario de las excursiones del viaje a Valencia y de las notas, apuntes, dibujos y cartas, un material inédito mediante el cual se aclara su método de trabajo.

Su obra en diez volúmenes Monadelphia le convirtió en un botánico de prestigio en París y en los círculos internacionales, por su rigor, aunque también le situó ante las primeras controversias científicas, como el debate publicado en la revista Magazin für die Botanik con Friedrich Kasimir Medikus, profesor de la Universidad de Heidelberg y director del Jardín Botánico de la Akademie für Botanik de Mannheim. El estudio crítico de la Monadelphia de Cavanilles sería también el tema elegido por G.R. Roehmer[29] para que su discípulo, Carl Wilhelm Schmidt, pronunciara su Dissertatio inauguralis en Wittenberg en diciembre de 1797 (Bueno 2002, 84). Podemos concluir que realmente la obra de Cavanilles fue muy beneficiosa para la ciencia española.

Por otra parte, hemos de considerar que Humboldt recibió en 1781 clases sobre el sistema de plantas de Linneo y que en 1785 empezó a frecuentar los salones judíos de Berlín (Mendelssohn), precisamente cuando se defendía en la Academia de Ciencias de Berlín el artículo sobre España de Cavanilles. En 1788 recibió clases de botánica del mismísimo Willdenow; en 1790 publicó sus primeros trabajos en el Magazin für Botanik, así que conocía con toda seguridad las aportaciones científicas de Cavanilles en ésta y otras revistas internacionales. Humboldt llegó a París en la primavera de 1798 y allí permaneció hasta octubre del mismo año, de donde partió hacia España. En París entabló amistad con científicos franceses y especialmente con el botánico A. Bonpland, quien le acompañaría en su viaje americano.

El Real Jardín Botánico se había establecido en Madrid en el Prado de Atocha en 1781.

Als er nach Madrid kam, fand er den botanischen Garten beinahe in demselben Zustande, als vormals den Pariser. Der König hatte Naturforscher auf seine Kosten in die Kolonien geschickt, welche angewiesen waren, Samen nach Madrid zu senden. Der Garten enthielt also viele merkwürdige und neue Arten, aber es war niemand da, welcher sie bestimmen und beschreiben konnte. Ortega, der Aufseher, besaß dazu nicht die gehörigen Kenntnisse und überhaupt waren die Botaniker selten zu Madrid (L.V.1807).

Cavanilles escribía a Viera, “que era necesario disponer de un buen diccionario botánico, obra en la que debían participar varios autores y seguir un adecuado sistema” (Pelayo; Garilleti 1992: 137). Desde su regreso definitivo a España en 1789, Cavanilles se dedicó intensamente al estudio de la historia natural, particularmente de la botánica. Terminó su trabajo de publicación de la Monodelphia, comenzó a trabajar en su nueva obra Icones[30] e inició sus expediciones (1791-1793) por el Reino de Valencia. En un manuscrito de 1799 valora de la siguiente manera la situación de la ciencia española (González 2002: 104).

La España es sin duda la Nación que ha sacrificado más caudales para promover las ciencias naturales y la que menos fruto ha conseguido, 1° porque no ha organizado bien los establecimientos; 2° porque ha multiplicado los empleos sin necesidad; 3° porque ha confiado la dirección a jefes indolentes o que ignoraban las ciencias respectivas; 4° porque nombró por profesores a sujetos sin celo y sin la debida instrucción.

Junto con Clavijo y Fajardo fundó la primera revista científica española, Anales de Historia Natural (1799), publicación que gozó de gran predicamento en España y en los foros dedicados a las ciencias de la naturaleza en el extranjero. En junio de 1801 fue nombrado director del Real Jardín Botánico por Carlos IV. En el escaso tiempo que le quedaba de vida introdujo mejoras notables, tanto en el aspecto científico como en el técnico, realizando un gran esfuerzo docente. Logró hacer escuela y convertir el Jardín Botánico en un centro de estudios que su discípulo Lagasca mantendría.

Murió en 1804 cuando trabajaba en el Hortus Regius Matritensis del que llegó a escribir 85 descripciones de especies y a dibujar 18 litografías, manuscrito relevante en la obra del sueco Swartz, con quien también mantuvo correspondencia.

 

[1] Carta a Cotta (París, 24 enero 1805). También en carta a Karoline von Wolzogen (Berlín, 14 mayo 1806), cuñada de Schiller, aseguraba “el afecto cordial que tenía a Karoline (a pesar de que se burlara de su universalidad), a Goethe y al difunto”, refiriéndose a Schiller y expresaba como un sentimiento grande y glorioso el haberles encontrado sin pasar completamente desapercibido. Se despedía en su carta con estas palabras: “Mis saludos a la querida madame Schiller, abrace a los queridos niños y la expresión de mi filial afecto a Goethe”.

[2] México, 22 abril 1803.

[3] Carta al Barón von Moll (La Coruña, 5 junio 1799)

[4] En referencia a Valencia durante el siglo XVII Maczaq (1996: 67) recoge que “en cambio, las grandes ciudades –Sevilla, Barcelona y especialmente Valencia- podían ofrecer todas las comodidades conocidas de Europa en su tiempo y a la vez”.

[5] Carta a K.L.Willdenow (Aranjuez, 20 abril 1799). Traducción de Marta Traba.

[6] “Saluter velim amicorum (…) Humboldt” (Berlin, 12 mayo 1799).

[7] Carta de Hoffmansegg a Cavanilles (Lisboa, 14 abril 1799) solicitando información sobre el viaje de Humboldt. «Je serois bien curieux de savoir si on lui a fait des conditions? S´il va en comission? ou en simple voyageur? avec ordre? ou seulment permission? et s´il se propose des buts fixes? ou des observations itineraires indeterminées?»

[8] Madrid, 26 marzo 1799

[9] “Mitten in seiner Tätigkeit starb er an einem epidemischen Fieber den 4. Mai 1804 in einem Alter von etwas über 59 Jahren“ ( L.V. 1807: 160).

[10] „El título del nombramiento se conserva en el Archivo Cavanilles, lleva fecha de 9 julio 1798 (R.J.B., Leg XIII, 1, 15, 1); la comunicación fue efectuada pocos días después mediante oficio fechado en Berlín, el 8 septiembre 1798 (Leg. XIII, 1,15,2). Cavanilles agradeció esta intervención de Willdenow respondiendo el 22 agosto 1799” (González 2002: 241).

[11] Profesor de Botánica en la Universidad de Viena

[12] Botánico y miembro del ejercito austriaco.

[13] Botánico y editor de las revistas Magazin für die Botanik y Annalen der Botanik.

[14] Co-editor de la revista Magazin für die Botanik.

[15] Direcor del Jardin Botánico de Berlín. Miembro de la Academia de Ciencias e Berlín. Profesor de la Universidad de Berlín.

[16] Botánico y profesor en la Württembergische Carls-Universität de Stuttgart.

[17] Director del Jardín Botánico de Leipzig.

[18] Director del Jardín Botánico de Erlangen.

[19] Botánico y entomólogo.

[20] Director del Jardín Botánico de Breslau y profesor de Botánica de la Universidad de Berlín.

[21] Presidente de la Royal Society de Londres.

[22] Fundador de la Linnean Society de Londres. Había adquirido el herbario de Linneo.

[23] Profesor de Historia Natural en la Universidad de Praga.

[24] Carta de Usteri a Cavanilles, Zürich, 3 diciembre 1786.

[25] Carta de Usteri a Cavanilles, Zürich, 4 agosto 1787.

[26] El texto incluye un Bericht des Übersehers firmado por B.J. Biester en Berlín, con fecha 17 noviembre 1784, seguido de la aprobación por E.Mentelle.

[27] Recoge la Réponse a la Question: Que doit-on à l´Espagne ? Discours à l ´Académie de Berlin dans l´Assemblée publique du 26 janvier l´an 1786 pour anniversaire du Roi. Berlin, Imprimeur du Roi. En este se argumenta defendiendo al sabio Cavanilles : «Qu´a fait la France pour le genre humain depuis qu´elle existe?».

[28] Además del texto de la traducción, hay una recensión de anónima en el Memorial Literario, octubre 1784 (p. 57-88).

[29] Carta de Cavanilles a J.J. Roemer y P.Usteri , 23 julio 1788.

[30] Icones et descriptiones plantarum es la monumental obra de Cavanilles con una parte sobre plantas americanas de Chile, Perú, Chimborazo, Panamá y Méjico. En 1799 sólo quedaba por publicar el último tomo. Llegó a comprender 712 especies nuevas, de las cuales 300 eran americanas. Cavanilles mismo proporcionó el listado de personas a las que se les obsequiaría con el primer volumen: J. Smith, Usteri, Willdenow, Jussieu, Thouin, Thunberg, Jacquin, entre otros.

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