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Miguel Ángel Puig-Samper y Sandra Rebok
Thalassa – Asociación de Historia Marítima y Naval Iberoamericana

Alejandro de Humboldt y España:
La preparación de su viaje americano y sus vínculos con la ciencia española

3. Preparación administrativa en Madrid

Según la carta ya citada de Humboldt a von Haeften, el sabio prusiano llegó a Madrid el 23 de febrero de 1799 y debió alojarse en casa del encargado de negocios de Prusia, Tribolet-Hardy, en la calle de Cantarranas, según figura en la dirección que daba a su amigo para la correspondencia. No hay muchas noticias de estos primeros días, aunque en la misma carta Humboldt comentaba que había iniciado sus visitas al Real Jardín Botánico de Madrid, donde podía estudiar las plantas americanas, y dice estar entre hombres cultivados, algo que comentaremos más tarde (Jahn/Lange 1973, 648-649).

Una vez instalado en Madrid, el encargado de negocios de Prusia –David de Tribolet-Hardy– le puso en contacto con la persona clave que podría lograr la aprobación de un proyecto como el que pretendía Alejandro de Humboldt, la exploración de la América española, una vez desestimado su viaje africano. Se trataba del barón Philippe de Forell, embajador de Sajonia en Madrid, mineralogista distinguido y amigo personal del ministro Mariano Luis de Urquijo. La actuación del embajador sajón fue providencial para Humboldt, que logró con rapidez la protección política y estableció los vínculos científicos necesarios para la preparación del viaje americano. Según un informe del embajador danés en Madrid, Herman de Schubart (Gigas 1902, 393-436), la alianza de Humboldt con el barón de Forell se extendió además al embajador holandés Johan Valckenaer, quien formaba parte al parecer de un comité secreto que asesoraba al ministro Urquijo y la reina María Luisa en los asuntos políticos más delicados, además de su relación con el príncipe de Parma, casado con la infanta Mª Luisa, que Humboldt calificó de planta exótica de la Corte madrileña por su sabiduría y conocimientos científicos.

En el campo de la ciencia, Humboldt pudo llegar de la mano del propio barón de Forell al Real Gabinete de Historia Natural, institución científica con la que el embajador de Sajonia colaboraba con sus colecciones mineralógicas y en la que incluso había logrado colocar como colectores a dos alemanes, Juan Guillermo y Enrique Thalacker. Además parecía evidente el aprecio por la mineralogía alemana del director efectivo del Real Gabinete de Historia Natural, José Clavijo y Fajardo, si tenemos en cuenta que hacía poco tiempo había enviado una expedición mineralógica a Chile y Perú dirigida por los hermanos Heuland, sobrinos del gran coleccionista Jacob Forster, y había promovido a catedrático de mineralogía en Madrid a Cristiano Herrgen.

Paralelamente, Humboldt establecería relaciones científicas con los químicos Louis Proust y Domingo García Fernández, quienes con el botánico Cavanilles y Herrgen estaban a punto de publicar la primera revista científica española, los Anales de Historia Natural (Fernández Pérez, 1993). Para completar sus conocimientos, Casimiro Gómez Ortega, por entonces director del Real Jardín Botánico, le permitió conocer el contenido de las floras americanas elaboradas en las expediciones científicas que los gobiernos ilustrados habían enviado a América, especialmente las dirigidas a Perú y Nueva España. También llegó a conocer a Juan Bautista Muñoz, el ilustre historiador que en esos años organizaba el Archivo General de Indias y preparaba su Historia del Nuevo Mundo, a José Chaix, un astrónomo distinguido que había trabajado con Delambre y Méchain en las operaciones de medición del arco de meridiano en España y que fue uno de los principales colaboradores de Humboldt, así como al grupo de marinos ilustrados que en su mayor parte estaban relacionados con el Depósito Hidrográfico de Madrid, donde se elaboraba la principal cartografía naútica de la época, que dirigía el marino José Espinosa y Tello, más tarde sustituido por Felipe Bauzá[1].

Sobre su audiencia en la Corte española, gestionada por el barón de Forell, el gran colaborador de Clavijo y de Herrgen en el Real Gabinete de Historia Natural y en el nuevo Real Estudio de Mineralogía, ha quedado el testimonio que él mismo recuerda en su Viaje a las Regiones Equinocciales del Nuevo Continente (Humboldt 1991, 44-45):

“Fui presentado a la corte de Aranjuez, en el mes de marzo de 1799. El rey se dignó acogerme con bondad. Le expuse los motivos que me inducían a emprender un viaje al nuevo continente y a las islas Filipinas, y presenté una memoria sobre esta materia al secretario de Estado. El caballero de Urquijo apoyó mi solicitud y logró allanar todos los obstáculos. El proceder de este Ministro fue tanto más generoso cuanto no tenía yo nexo ninguno personal con él. El celo que mostró constantemente para la ejecución de mis proyectos no tenía otro motivo que su amor por las ciencias. Es un deber y una satisfacción para mí consignar en esta obra el recuerdo de los servicios que me prestó.”

La aparente desaparición de esta Memoria y la aparición de notas en borrador entre sus papeles y en los del barón de Forell, ha hecho que los historiadores humboldtianos especulasen sobre cómo fue el proceso de aprobación del viaje y sobre el contenido de la citada Memoria presentada a Urquijo, confundiendo las notas autobiográficas y las directrices de Humboldt para su permiso de viaje con la memoria oficial[2]. Nuestra paciente búsqueda en los archivos ha dado su fruto y aclara estos puntos que habían quedado oscurecidos en la biografía de Alejandro de Humboldt, tras encontrar esta Memoria, junto a otros documentos, en los papeles correspondientes a Sajonia en la sección de Estado del Archivo Histórico Nacional de Madrid (AHN, Estado, leg. 4709).

Acompañando a la Memoria de Humboldt encontramos una carta del barón de Forell, fechada en Aranjuez el 11 de marzo de 1799, y dirigida a Mariano Luis de Urquijo, en la que el embajador de Sajonia presentaba el proyecto de Humboldt –Consejero Superior de Minas de S.M. prusiana y sabio conocido en toda Europa– , convencido de que el permiso para visitar los dominios españoles en América daría como fruto un gran avance en los conocimientos científicos del mundo natural. Forell solicitaba la protección de Urquijo, que ya había dado pruebas de su interés en el progreso de las ciencias, tanto para Alejandro de Humboldt como para Aimé Bonpland, sólo mencionado, sin su nombre, como secretario y copista. Asimismo, el embajador pedía que se entregase la memoria al rey Carlos IV y en caso de aprobación, solicitaba la expedición de los pasaportes y de cartas de recomendación necesarias para que el sabio prusiano pudiera pasar a América con los instrumentos adecuados para sus observaciones. Además y como última recomendación, el barón de Forell enviaba a Urquijo junto a la Memoria una Noticia sobre la vida literaria de Mr. de Humbold (sic), escrito por el barón de Forell aunque firmado por Fréderic Alexandre de Humboldt y fechado en Aranjuez el 11 de marzo de 1799, documento autobiográfico que también se conserva y cuyo borrador ha dado origen a las confusiones ya reseñadas, aunque es cierto que ambos documentos formaban parte de la petición de Humboldt al rey de España, por lo que el error podría considerarse sólo parcial.

El texto de la breve pero importante Memoria de Alejandro de Humboldt se puede ver en el Anexo I. Resulta extremadamente interesante que Humboldt solicitase el permiso para penetrar en el Nuevo Mundo, alegando la perfección de los nuevos instrumentos de medición de los fenómenos atmosféricos, pero sobre todo haciendo hincapié en su particular obsesión, repetida en numerosas cartas a sus amigos, la formación del Globo, la medida de las capas que lo componen y el reconocimiento de las relaciones generales que unen a los seres organizados, objetivos que como veremos contrastan con lo señalado en el pasaporte y el permiso especial de Urquijo, que destacaban el estudio de las minas, un objetivo más práctico para los gobernantes españoles y que enlazaba a la perfección con el curriculum vitae que adjuntó Humboldt a su petición.

En éste, titulado Noticia sobre la vida literaria de Mr. de Humbold (sic) comunicada por él mismo al Barón de Forell, Alejandro de Humboldt omitía prácticamente su primera formación en su casa paterna y con sabios berlineses , que más tarde añadió en una nota autobiográfica escrita en Santafé en 1801 (Biermann/Lange 1969, 103-117), para destacar sus estudios en Gotinga y Frankfurt, así como sus estudios administrativos y financieros en Hamburgo. Destacaba Humboldt que sus primeros trabajos sobre las montañas basálticas del Rhin hicieron que el director de Minas, el barón de Heinitz –el mismo que se había encargado  con Elhúyar de la contratación de mineros sajones con destino a la América española– le llevase con él al departamento de Minas. Asimismo recordaba el importante viaje realizado bajo la dirección de Georg Forster por Holanda, Inglaterra y Francia, al que atribuía la mayor parte de sus conocimientos, y sus prácticas de minería en Freiberg y Harz. En su primer destino, cuyo objetivo era el estudio de yacimientos de sal, Humboldt recorrió lo que entonces era Polonia y la Alemania meridional, Hallein, Wieliczka, Berchtesgaden, etc., antes de asumir el cargo de inspector de Minas al territorio de las colinas franconianas de alrededor de Bayreuth, donde logró que las minas dieran un rendimiento favorable para las arcas reales.

Entre sus descubrimientos, Humboldt destacó en estos primeros años de trabajo en la minería, el invento de una nueva lámpara antimefítica y de una máquina de respiración, de gran importancia para salvar vidas en las minas. Mencionaba también sus primeros trabajos botánicos, como su Flora Fribergensis (1793), traducidos ya a numerosos idiomas. En cuanto a su carrera política y diplomática, Humboldt destacó en la nota dirigida a Urquijo el papel que había tenido, por encargo del conde von Hardenberg, en las negociaciones con los franceses que dieron lugar a la Paz de Basilea.

Uno de los aspectos más interesantes de esta noticia autobiográfica de Humboldt, es su exposición sobre el interés que le movió a renunciar a su pensión oficial como Consejero Superior de Minas. Estaba decidido a recorrer otra parte del mundo y estudiar no sólo las especies y sus caracteres, sino la influencia de la atmósfera y la composición química sobre los cuerpos organizados, las identidades de las capas geológicas en los países más alejados, en definitiva se proponía según sus propias palabras estudiar las grandes armonías de la Naturaleza, aún a costa de su pequeña fortuna, que estaba dispuesto a sacrificar en beneficio del progreso de las ciencias. En cuanto a sus preparativos, Humboldt señalaba que había adquirido una selecta colección de instrumentos astronómicos y físicos para poder determinar la posición astronómica de los lugares, la fuerza magnética, la declinación y la inclinación de la aguja imantada, la composición química del aire –para lo cual había desarrollado un nuevo método con Vauquelin–, su elasticidad, humedad y temperatura, su carga eléctrica, su transparencia, el color del cielo, la temperatura del mar a gran profundidad, etc.. Además, Humboldt recordaba sus experiencias sobre el galvanismo, sus estudios botánicos en Dresde y Viena, así como los químicos en París, y sus inventos: un nuevo barómetro y un instrumento que llamó anthracómetro, para la medición del ácido carbónico atmosférico.

En cuanto a sus proyectos viajeros anteriores, Humboldt recordaba la invitación del gobierno francés para viajar alrededor del mundo en la expedición dirigida por el capitán Baudin, que tanto le obsesionó, frustrada por falta de fondos, lo que le decidió a viajar por Africa para estudiar el monte Atlas. Los acontecimientos políticos en Argelia le habían hecho desistir también de este viaje, por lo que se había trasladado a la Península para solicitar la protección de S. M. Católica en un viaje a América, cuyo éxito colmaría sus deseos, una afirmación políticamente correcta aunque sólo parcialmente cierta si tenemos en cuenta sus primeras intenciones de ir a las Antillas danesas y no a la América española.

La respuesta a la petición de Humboldt aparece sobreescrita en la propia carta del barón de Forell a Mariano Luis de Urquijo con estas palabras (AHN, Estado, leg. 4709):

“14 de marzo de 99. Digásele que el Rey le permite con gusto ir a América, a cuyo fin se pasará el correspondiente oficio a Gracia y Justicia de Indias pidiendo el Pasaporte para él, y su criado. Se añadirá al Barón que se le pasará luego que esté, y que diga a qué parte de América quiere ir primero para darle cartas de recomendación para sus Jefes. Hecho en 15 de marzo 99.”

El mismo día 15 el barón de Forell recibía un oficio de Urquijo comunicándole que se concedía el permiso al barón de Humboldt para el estudio de las minas y otros descubrimientos que proponía, por lo que le avisaba que le entregaría a él el pasaporte de Humboldt y Bonpland, que seguía siendo calificado de criado, así como las cartas de recomendación para los generales y comandantes de las diversas provincias (Bruhns 1969, 272). La continuación del trámite administrativo se registra en el oficio remitido por José Antonio Caballero, ministro de Gracia y Justicia de España e Indias, a Mariano Luis de Urquijo unos días más tarde (AHN, Estado, leg. 4709):

“Exmo. Sor. = Remito a V. E. el adjunto Pasaporte, que me pidió en Oficio de 16 del corriente para que el Sr. Hunlbald (sic), Prusiano, y su Secretario, puedan pasar a la América a continuar el estudio de Minas, y perfeccionarse en el conocimiento de otros descubrimientos; a fin de que V.E. le de la dirección correspondiente. Dios guarde a V.E. muchos años. Aranjuez, 18 de Marzo de 1799. = Josef Antonio Caballero”.

Por el sobreescrito que aparece en este documento sabemos que Urquijo remitió al día siguiente el pasaporte al barón de Forell[3], quien debió preguntar a Humboldt sobre los puntos que quería que se incluyesen en el salvoconducto que iba a preparar Urquijo, ya que en un escrito del sabio prusiano al embajador de Sajonia, le indicaba claramente los puntos que debían incluirse: el nombre de su amigo y secretario Bonpland, que aparece como Alexandre en vez de Aimé, que le acompañaba para ayudarle en las investigaciones, que pensaba viajar de La Coruña a Puerto Rico, Cuba, México, el Reino de Nueva Granada, Perú, Chile y Buenos Aires, aunque quería que figurasen también las Filipinas por si la vuelta la hiciese por las Indias Orientales, que aparecieran mencionados los instrumentos de física y de astronomía, que le fuera permitido hacer toda clase de observaciones de historia natural y de física, incluyendo la recolección de plantas, animales y minerales, la medición de la altura de las montañas, las observaciones astronómicas, etc., que se le prestase toda la ayuda necesaria para cumplir con la invitación de reunir objetos de historia natural para el Real Gabinete de Historia Natural y los jardines reales y su envío, así como que se le recibiera en todas partes en los edificios de Su Majestad Católica (Minguet 1980, 3-4).

Perfectamente de acuerdo con estas instrucciones de Humboldt, Mariano Luis de Urquijo extendía poco después un segundo pasaporte o salvoconducto mucho más detallado que el de oficio firmado por Caballero (ver Anexo II). Si analizamos este texto que el propio Humboldt sólo reprodujo en parte en su Viaje a las Regiones Equinocciales del Nuevo Continente (1991, 45), encontramos que se recogen todas las pretensiones de Humboldt, con la salvedad de que la supuesta invitación a recoger objetos de historia natural para el Real Gabinete de Historia Natural y los Jardines Reales, se convierte en un encargo expreso. La alegría de Humboldt por este permiso se pone de manifiesto en la carta que escribe a Willdenow el 20 de abril, curiosamente antes de su redacción definitiva, donde expresa su satisfacción por el trato de los reyes españoles y la protección del ministro Urquijo en sus planes de exploración de la América española (Minguet 1980, 8). Más tarde volverá a mostrar su agradecimiento en el texto de su Viaje, por considerar que ningún extranjero había disfrutado de tanta confianza del gobierno español y por la concesión de los dos pasaportes[4].     

Respecto a la financiación de su viaje, el propio Humboldt aclaró unos años más tarde al Journal de Bordeaux, que lo había hecho a sus expensas aunque con la protección magnánima del rey de España durante los cinco años que había durado el viaje (Roquette, 1865, 175-176), algo que sin duda implicaba el ahorro de determinados gastos pero no la necesidad de disponer de un presupuesto propio. Sabemos que ya desde Barcelona había solicitado a Kunth dinero para instalarse en Madrid y el 4 de abril de 1799, ya en Madrid, le comentaba que el marqués de Iranda, miembro del Consejo Real de Hacienda y uno de los hombres más distinguidos de Europa, le trataba como un padre y le facilitaría todo lo necesario para su viaje. Con este motivo escribía también cuatro días más tarde a Gustav Graf von Schlabrendorf para solicitarle los 8.500 ducados que tenía en depósito, con el fin de que se los transfiriera a Abraham Mendelssohn a París y éste al marqués de Iranda en Madrid, para invertirlos con un 28% de ganancia en unas consignaciones de México. Unos días más tarde, Humboldt agradecía a David Friedländer (Jahn/Lange 1973, 648-658) el envío al marqués de Iranda de 30.000 reales de vellón, le solicitaba que aclarase con Kunth el envío de otras 20.000 libras y le comentaba las ventajas de su alianza financiera con Iranda, un hombre con mucha influencia en las Indias y entre cuyos parientes y amigos se encontraban personajes como O’Reilly, Las Casas, Gardoqui, etc., cuyo crédito era muy valioso[5].



[1] Informaciones detalladas sobre sus contactos científicos se encuentran en Miguel Ángel Puig-Samper (1999).

[2] Entre la numerosa bibliografía humboldtiana citaremos aquellos que se han ocupado del tema y son más relevantes: Bruhns (1969), en una de las contribuciones más antiguas (el original es de 1872) y más importantes en la bibliografía sobre Humboldt, daba por perdida la Memoria, aunque especulaba con la posibilidad de encontrarla en el Archivo de Simancas (vol. 1, pp. 272). Melón (1860, 48-49) se inclinaba a pensar que el descubrimiento de Lenz en el archivo de Forell del borrador de la autobiografía de Humboldt, presentado en el VII Congreso Internacional de Geografía de 1899,  podía ser la perdida Memoria, cuestión que parece compartir Bleiberg (1958) y otro de los grandes historiadores humboldtianos, Beck (1971, 139), quien habla de la autobiografía y los proyectos en esbozo como la posible Memoria o su borrador.  Por último, Minguet (1985, 66) se inclina también por la autobiografía como posible Memoria, aunque su fuente es Hamy (1905).

[3] El texto del pasaporte del ministro Caballero, que aparece reproducido en Bruhns (1969, 456), y fotográficamente en Botting (1981, 56), dice:

“D. Josef Antonio Caballero Campo, y Herrera, Caballero Pensionado de la Real y distinguida Orden de Carlos Tercero, del Consejo de Estado de S. M. y Secretario del Despacho Universal de Gracia y Justicia de España é Indias. = Por quanto el Rey ha concedido licencia á Sr. Hunlbald (sic), Prusiano, y a su Secretario para pasar a America á continuar el estudio de Minas y perfeccionarse en el conocimiento de otros descubrimientos. = Por tanto manda S. M. á los Jueces de Arribadas de Indias de qualesquiera Puertos de España, y demas personas á quienes corresponda, no le pongan impedimento alguno, á fin de que pueda embarcarse para el referido destino en la ocasion que mas le acomode; y á este efecto expido el presente Pasaporte firmado de mi mano. Dado en Aranjuez a diez y ocho de Marzo de mil setecientos noventa y nueve. = Josef Antonio Caballero”

[4] Habría que matizar que Humboldt se refiere frecuentemente a que uno de los pasaportes era de la Secretaría de Estado y el otro del Consejo de Indias, siendo en realidad este último –el firmado por Caballero– de la Secretaría de Gracia y Justicia de España e Indias, como ya comentamos antes, aunque es posible que se pidiera opinión al Consejo de Indias, gobernado por entonces por Antonio Porlier y Sopranis, primer marqués de Bajamar, miembro de las Reales Academias de la Lengua y de la Historia y director de la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Tenerife.

[5] El marqués de Iranda era Simón de Aragorri y Olavide, quien había obtenido el título nobiliario en 1769 por concesión de Carlos III. Era Ministro honorario del Consejo de Hacienda y alcalde de Rentería, según Desdevises du Dezert (1899). Tenía una gran fortuna personal, hasta el punto de haber dado créditos importantes al gobierno francés, tal como figura en AHN, Estado, leg. 124.  Como bien indica Humboldt, Simón de Aragorri era tío de Simón de las Casas y Aragorri, diplomático que había ocupado las secretarías de las embajadas en Viena, Prusia y Nápoles y había sido embajador de España en Venecia y en Inglaterra con honores de Consejero de Estado (AHN, Estado, leg. 3416). Asimismo, otro de sus sobrinos, Luis de las Casas y Aragorri, había sido Comandante general en Orán, mariscal de campo, gobernador de La Habana hasta 1795 y capitán general de Cádiz en la época del viaje de Humboldt. Otra sobrina, Rosa de las Casas –hermana de los anteriores– se había casado con Alejandro O’Reilly, primer conde de O’Reilly, y era madre de Pedro Pablo O’Reilly, el segundo conde, que entabló una gran amistad  con Alejandro de Humboldt y le recibió en La Habana.

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