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Ursula Thiemer-Sachse
Lateinamerika-Institut, Freie Universität Berlin

La recepción en Europa de la obra de Carlos Nebel
“Voyage pittoresque et archéologique dans la parte plus intéressante du Mexique”

Carlos Nebel conoció solamente una parte de México, dentro de las coordenadas comprendidas en el territorio que su viaje indica entre Acapulco y Veracruz, pero sus litografías  de lugares mexicanos despertaron interés entre los intelectuales de Europa, especialmente las referentes a las ruinas de las culturas autóctonas. No es seguro que Nebel mismo visitara las ruinas de La Quemada en Zacatecas, es posible que basara sus dibujos a partir de los de otros viajeros contemporáneos, como aparentemente eran  los de Carl de Berghes, ingeniero alemán que había excavado la zona, en especial, si recordamos que sobre esta representación de la zona arqueológica ya  se había hablado previamente en Europa. En la revista “Das Ausland” (El Extranjero) con fecha de  1833, el año del  regreso de Nebel a Europa, los editores se refirieron a las intenciones del viajero y artista de publicar un álbum sobre los monumentos de México en París, dando una descripción verbal del dibujo de La Quemada.[1] Al siguiente  año, en un artículo sobre la persona de Carlos Nebel, la misma revista comentó: “Su colección de imágenes de dioses y de utensilios de casa, especialmente aquellas sobre los instrumentos musicales de los mexicanos, es especialmente considerable”[2]. La revista igualmente se interesó por sus dibujos y los valoró tanto “que, agregó: “son de gran interés y dan una mejor idea del poder  que tenía la civilización del imperio mexicano, siendo más claras que todo lo que hasta hoy en día se había sido conocido”[3], porque a causa de las diferencias políticas reinantes en los primeros decenios después de la Independencia de México, en general  fue casi imposible para extranjeros el viajar por el país. Además, en Europa, empezó el interés por los vestigios de las culturas prehispánicas de todo el mundo, vestigios que por su monumentalidad y expresión artística sobrepasaron notablemente a los de la propia historia antigua  centroeuropea. En aquel entonces, fue común entre los científicos, aprovechar los materiales presentados por otros sin citarlos correctamente. Lo que interesaba  era en sí la información difícilmente accesible sobre cosas y procesos, y no siempre se informó  sobre la fuente de lo observado.

Abb. 1 

Abb. 1: ???

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El famoso erudito Alejandro de Humboldt fomentó mucho al joven Carlos Nebel escribiendo una carta por publicar en los Anales de la geografía, etnología y  ciencia política, editados por Berghaus. Humboldt  repitió las mismas palabras en su prefacio en la obra de Nebel, mencionando lo siguiente: “Esta vez estoy orientando la atención del lector a los antiguos monumentos americanos, para así  hacer más conocido una empresa audaz y recomendarla pues se dedica a las obras arquitectónicas y plásticas de los indígenas del Anáhuac (del altiplano de México) y promete todo lo que se debe esperar, bajo todo punto de vista arqueológico y pintoresco, de un artista extraordinario”[4]  Humboldt subrayó que los trabajos de Nebel  fueron muy fatigosos pues tuvo que  hacer limpiar, por ejemplo, la Pirámide de los Nichos en el Tajín de la vegetación tropical y hacerla accesible para poder medirla con exactitud.. Parece que Nebel fue uno de los primeros que dibujaron esta pirámide. Humboldt acentuó, además, la exactitud geométrica y la “comprensión característica del estilo particular”.[5] El científico alemán pudo apreciarlo muy bien, gracias a su propia ocupación de los monumentos prehispánicos. Lo que no comprendió fue que Nebel creó una visión ideal de la Pirámide de los Nichos reconstruyéndola en su dibujo como edificio entero y sin alteraciones destructivas del tiempo y la vegetación; y esto, a pesar de que dibujara un árbol y unos arbustos creciendo de los nichos. La litografía de la Pirámide de los Nichos es un ejemplo típico de la idealización que durante el romanticismo se presentó de los monumentos prehispánicos en combinación con un paisaje idealizado. Sin embargo, Nebel había elaborado una impresión muy buena de lo que hoy en día conocemos como el edificio reconstruido. Si se comparan, sin embargo, las antiguas fotos de la tan famosa pirámide antes de los trabajos arqueológicos de reconstrucción, uno puede comprender las ambiciones de Nebel de mejorar la vista mediante tal idealización.

Abb. 2 

Abb. 2: ???

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En base a su interés sobre los monumentos prehispánicos, Humboldt destacó el mérito de Nebel de agregar a los monumentos arqueológicos las vistas de ciudades mexicanas, de la vestimenta de la gente y de escenas de la vida doméstica, además, que el texto explicativo era corto, y que Nebel se guardó de hacer especulaciones. Humboldt constató: “En México solamente ha visto lo mexicano (lo tolteco y lo azteca), y no aburrirá al lector con discusiones sobre el origen del género humano americano...”[6]

A diferencia de  Humboldt, otro viajero contemporáneo conocedor de México, Eduard Ludecus, lamentó que esa obra reciente de Nebel “solamente contiene dibujos, iluminados y en litografía, de paisajes, monumentos y trajes”[7]. Notó la falta de una generalización de una reflexión social hecha por Nebel como resultado de la recepción artística.

La obra de Nebel se presentó como una publicación muy costosa y con una tiraje quizás bastante reducido, pues en 1865, en su resumen sobre las investigaciones en México y su publicación, el historiador francés Vivien de Saint-Martin tuvo que constatar que solamente era capaz de mencionar el título de la obra de Nebel, pero no pudo encontrar un solo ejemplar en ninguna de las bibliotecas oficiales parisinas,  a pesar de que el álbum hubiera sido editado en París.[8]

Nebel fue influenciado muy fuertemente en su manera de representar a México como un país de romanticismo exótico. No le interesó el entregar al público una obra científica con hipótesis y conclusiones en base a argumentaciones. Como en su prólogo dijo “tout le monde est curieux” quiso satisfacer esta curiosidad entre los lectores. Las láminas de su álbum ofrecen, por esto, una recopilación de los testimonios más importantes sobre las culturas autóctonas en aquel entonces conocidas.



[1] „Ein junger Architekt aus Hamburg Namens Karl Nebel...,  en: Das Ausland 6 (1833) p.1452.

[2] „Seine Sammlung ab Götterbildern und an Hausgeräthen, besonders musikalischen Instrumenten der Mexikaner, ist besonders beträchtlich“ [Das Ausland 7 (1834) p.881].

[3] Ibid.

[4] A. von Humboldt: Mexikanische Alterthümer, en: Berghaus‘ Annalen der Erd-, Völker- und Staatenkunde 11 (1835) 4, pps. 321-325.

[5] charakteristische „Auffassung des eigenthümlichen Styls“, ibid.

[6] „er hat in Mexico nur Mexicanisches (Toltekisches und Aztekisches) gesehen, und wird den Leser nicht mit Diskussionen über den Ursprung des americanischen Menschengeschlechts ... langweilen“, ibid.

[7] „bloß Zeichnungen, illuminiert und in Steindruck, von Gegenden, Monumenten und Trachten“ (E. Ludecus: Reise durch die Mexikanischen Provinzen Tamaulipas, Cohahuila und Texas im Jahre 1834, en: Briefe an seine Freunde, Leipzig 1837, p. IX.)

[8] M. Vivien de Saint-martin: rapport sus l’état de la géographie du Mexique et sur les tudes locales propres á perfectionner la carte du pays, en: Archives de la Commission Scientifique du Mexique 11 (1865), p. 254.

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Letzte Aktualisierung: 21 Juni 2007 | Kraft
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